Gabriela Mansilla: “Hay muchos niños que están esperando ser oídos”

Gabriela Mansilla es la mamá de Lulú, la primera nena trans en recibir el DNI con su identidad de género autopercibida. En octubre del 2016, tuvimos la oportunidad de conversar con ella y escuchar su historia. Ahora compartimos con ustedes el relato de una lucha que aún continúa y los invitamos a sumarse a este grito: ¡por una infancia trans sin violencia ni discriminación!


¿De qué manera Lulú te demostró que era transgénero a tan corta edad?

Luana empezó a demostrar a muy temprana edad su identidad, mucho antes de hablar. Lo manifestó con el cuerpo. Tenía un año y medio y se le caía el pelo. Los médicos sostenían que tenía un problema emocional, pesadillas, no dormía, no recuperaba el sueño durante el día. Se le hicieron estudios neurológicos y todo daba que ese niño estaba perfecto. No tenía ningún problema médico, lo que tenía era un problema emocional. La derivaron al año y medio a un psicólogo infantil porque según ellos tenía problemas de conducta. Cuando empezó a hablar a los dos años, directamente me lo dijo. No solo empezó a identificarse con las princesas, las muñecas y todo lo que se presenta para las niñas, culturalmente hablando, sino que lo manifestó con el habla. A los dos años me dijo: “yo nena, yo princesa”.

¿Qué pensabas antes de saber que tu hija era transgénero?

No tenía nada de información, estaba perdida. Hice caso a cada profesional que intentó corregir a este niño, masculinizarlo a la fuerza. Me acoplé a lo que decía el pediatra, que tenía que jugar al fútbol y todo eso fue totalmente nocivo para ella. Como yo no tenía información, confié en los profesionales y lamentablemente me di cuenta de que el hecho de que pases por una universidad, no te hace un buen profesional. La psicóloga sostenía este método correctivo para que entre dentro de la norma y al principio yo lo hice, intenté corregir la conducta de este niño por ignorancia.

¿Cómo reaccionaste cuando te diste cuenta de que tu hija se sentía incómoda en su propio cuerpo? ¿Cómo lo encaraste en un principio?

Luana nunca se sintió incomoda con su cuerpo porque no sabía la diferencia física que había. Ella no estaba incómoda, empezó a sentirse mal y a rechazar su cuerpo cuando en el jardín de infantes se le impuso esta norma binaria y este estereotipo de cuerpo, que por ser varón tenés pene y siendo niña sólo tenés que tener vagina. Entonces fue ahí donde empezó a rechazar ese genital, pero sino no. Mientras estuvo acá en casa, antes de llegar al jardín, ella manifestó ser una niña y no tener ningún conflicto. Pero cuando te empiezan a enseñar, te inculcan y te imponen que lo que vos sentís no corresponde por la genitalidad que tenés, obviamente, es lógico rechazar esa genitalidad porque se te dice que está mal. Si Luana no hubiese recibido toda esa agresión, estaría como está ahora: feliz con su cuerpo, tranquila. Lo vive, lo siente, no tiene ningún problema.

Le estamos enseñando que los genitales no definen tu identidad. Que su cuerpo no es el equivocado, es el que ella tiene, que tiene que amar y que está bien que tenga este cuerpo, por fuera de la norma. Todos y todas quedamos por fuera de la norma. Nadie entra en los casilleros binarios, perfectos, heterosexuales, blancos, jóvenes… es tan vacía y tan hueca toda esta definición.

Durante esta lucha, ¿tuvieron el apoyo del Estado? ¿Cómo actuó el sistema judicial?

El apoyo del Estado en esta lucha lo tuvimos cuando decidí reclamar y denunciar que había un funcionario público que no cumplía con su deber y que no aplicaba la ley. Porque el Estado estaba acompañando cuando fuimos a reclamar el DNI, ya había una ley vigente. Pero antes de esa ley, no había protección del Estado, no había respeto de este ni de la sociedad ni de nadie. Un tema que, no solo nadie conocía, sino del que nadie se quería hacer cargo. Porque decir y negar la infancia trans de Luana, era negar que todas las personas trans habían sido niñas y niños en algún momento. Me parece que esta Ley de Identidad de Género que impulsó el colectivo trans fue por sus propias necesidades. Ahí no hubo parte del Estado en sacar una ley para estas minorías y para darles los derechos que le corresponden. La impulsaron las mismas personas que necesitaban esta ley, o sea que el Estado estaba ausente. Después, cuando se aprobó esta Ley de Identidad de Género en el año 2012, también había un Estado ausente en el sentido en que los mismos funcionarios no aplicaban las leyes. Hoy ya es distinto, cualquier niño o niña puede hacer un trámite de DNI, de cambio y rectificación de la partida de nacimiento. Es solamente un trámite administrativo, ya que nosotras hicimos punta de lanza en esta temática, en instalar el tema de la infancia.

Y la sociedad, ¿cómo reaccionó?

La sociedad no acompañó y es el día de hoy que estamos tratando de concientizar. Por eso doy las charlas que doy y por eso llevo adelante una campaña a nivel nacional por una infancia trans sin violencia ni discriminación. Falta muchísima información. La sociedad y las personas cuando escuchan y les sabés explicar cuál es la situación, entienden. No todas las personas rechazan, o sea que lo que hace falta es reeducar y formar futuros profesionales con perspectiva de género.

¿Se sintieron acompañadas por el resto de sus familiares?

Estuvimos muy acompañadas por mi familia: mi madre, mis hermanas y mi hermano. No es la mismo luchar sola contra todo esto que tener una familia que acompañe. Lo trans de Luana no solo atravesó a Luana, sino que nos atravesó a todos como familia. A cada uno lo desarmó de alguna manera para volverlo a armar sin prejuicios. Toda persona que conoció a Luana tuvo una transformación, porque hubo que quitarse todos los esquemas estructurados previamente, para poder ver a Luana como una niña, lo que realmente es por fuera de todas las normas.

Y los compañeros y pares de Luana, ¿cómo reaccionaron?

A Luana le quedaron tres amiguitos, dos nenas y un varón, porque el resto estuvo muy presionado por los adultos. Hubo niños y niñas que agredieron mucho a Luana, pero por el simple hecho de que los papás y las mamás no entendían y la rechazaban, por ignorancia. Esos niños actúan en consecuencia de lo que se les dice en sus hogares.

¿Qué medidas son necesarias para que la sociedad integre y no discrimine a las personas transgénero?

Creo que las medidas van más allá de lo trans. Yo tengo una niña trans, pero, ¿y si tuviera una niña obesa, o con discapacidades, o negra? Acá lo que hay es una sociedad que discrimina a todos y una falta de corazón y de respeto. Lo que hay que hacer es informarnos y respetar la ley, romper con los prejuicios. Informarnos para aprender que no es lo mismo la identidad de género que todos tenemos, diferenciarla de lo que es la orientación sexual, dejar de ponerle género a los colores, intentar establecer que el cuerpo, o los genitales, no determinan tu identidad. La gente ve a un niño jugando con una muñeca y directamente lo relaciona con que es homosexual, cuando los juguetes tampoco tienen género, son para jugar.

¿Tenés esperanzas de lograr un cambio?

Si no tuviera esperanza, me quedaría en mi casa y no haría absolutamente nada. Todo lo que hago -el libro, el documental, la campaña- lo hago con la esperanza de que la sociedad se transforme y deje de lado tanta violencia.  Tengamos un poco más de respeto con el otro por el simple hecho de que es un ser humano.

¿Cómo está Lulú hoy?

Luana vive una infancia como cualquier otra niña de su edad. Va a la escuela, donde la respetan y sociabiliza. El imaginario y la fantasía de “cómo será la infancia de Luana” lo tiene la gente, porque quien la conoce se da cuenta de que es una niña más. Luana es valiente y feliz, y ha reivindicado la infancia de muchas personas trans. Hoy es un referente a nivel mundial de una infancia libre, acompañada por su familia.

¿Qué recomendación le harías a padres de niños transgénero?

El único consejo que puedo dar a cualquier padre es que está en nosotros garantizar que se cumplan los derechos de nuestros niños y niñas, y es nuestra obligación velar por ellos, acompañarlos, rodearlos de amor. Una familia que acompaña le garantiza a este niño no solo tranquilidad y felicidad, sino también un futuro. Hay muchos niños que están esperando ser oídos. Nadie va a decirles quiénes son ante ellos mismos. Respeto ante todo, hay que dejar de lado el amor egoísta, escuchar por más que no nos guste lo que estamos escuchando.

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