Un debate sociológico: ¿podemos transformar la sociedad?

Por Ayelén Cione

¿Qué rol tenemos como individuos en la sociedad? ¿Somos capaces de influir en ella? ¿Podemos transformar la sociedad a partir de nuestras acciones?
Estas son algunas de las preguntas que pasan por nuestra mente cuando atravesamos las problemáticas sociales de nuestra época. Muchos de nosotros/as nos sentimos, de una manera impotente, completamente condicionados por un sistema impersonal y destructivo que hace girar una rueda en base a los intereses que le son funcionales, encontrándose los nuestros excluidos, mientras que muchos otro/as nos sentimos fuertemente motivados a modificar las realidades sociales que nos disgustan, a visibilizar las luchas que llevamos a cabo y a lograr que ellas tengan un alcance masivo capaz de hacernos repensar, cuestionar y reflexionar lo que se nos presentaba como algo naturalmente dado. Este dualismo constituye entonces una tensión existencial que nos atraviesa constantemente.

En consecuencia, la sociología va a centrar uno de sus debates fundamentales en la oposición entre la sociología del sistema social y la sociología de la acción social: la primera va a concebir a los actores como sujetos pasivos manipulados por un sistema que les impone determinadas costumbres, normas y roles. Mientras que la segunda, por el contrario, considera a los actores como sujetos activos capaces de construir su mundo de un modo ya no tan coercitivo, sino más libre. Sin embargo, el desafío será no caer en estos reduccionismos y comprender que la vida social es una combinación de ambas cosas en la cual hombres y mujeres y sus mundos sociales interactúan, se condicionan y se retroalimentan. Por ejemplo,  un/a niño/a que nace en una familia católica probablemente sea bautizado/a, aún sin haber sido esa su elección, y se le transmiten valores, costumbres, rituales, modos de percibir el mundo afines al catolicismo, los cuales constituirán el único mundo posible frente a sus ojos. Sin embargo, a medida que vaya creciendo se irá poniendo en contacto con otros mundos, que quizás contrasten con el mundo de base, en los cuales conocerá otras religiones y comportamientos, pudiendo entonces así, decidir afirmar su religión, optar por otra, considerarse agnóstico/a, ateo/a, o bien, proponer su propia religión.

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Entonces, la propuesta es entender que, si bien nos movemos dentro de un mundo en el cual rigen ciertos conocimientos, normas, valores, costumbres, prácticas y modos de ver las cosas, nosotros somos también capaces de influir en él a través de nuestras acciones transformadoras. De este modo, el desafío estará en la capacidad que tengamos de poder correrle el velo a las situaciones que tengamos naturalizadas en nuestra vida cotidiana, de cuestionarnos por qué son así, de entender que no son producto de las leyes de la naturaleza, sino que  fueron producidas en un determinado momento histórico por un conjunto de actores con ciertos intereses. En definitiva, nuestra tarea será concebirnos como sujetos activos capaces de modificar las realidades que nos disgustan a través de nuestras profesiones, proyectos, estudios, militancia, escritos, modos de pensar, actuar y relacionarnos con los otros.

No nos debe ganar la creencia en la debilidad humana, en el quietismo, en la resignación antes de que la batalla haya comenzado. El silencio no debe ser nuestro idioma y es por eso que debemos concebir a “Gritalo vos” y concebirnos a cada uno de nosotros/as como sujetos activos capaces de gritar y de seguir transformando el mundo que habitamos.

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