Construir miradas colectivamente

Por María Delfina Casali

Espacios de formación colectiva

Te voy a romper el orto”, “tan bonita y sola”, “con ese culo, vení a cagar a casa” son algunas de las frases que, pintadas sobre cartulinas, adornaron las paredes del pasillo que conduce al local del Proyecto Aconcagua en el conurbano bonaerense. El domingo 27 de agosto, varias personas se reunieron en el lugar para compartir un espacio de formación colectiva impulsado por el grupo. La temática propuesta para repensar en el primer encuentro fue el acoso callejero, un tema que padecemos todas las mujeres diariamente y que, agotadas por el silencio de una sociedad entera, tendemos a naturalizar.  “La idea surgió de un par de situaciones que se dieron en la calle donde nosotrxs trabajamos con las recorridas y de las situaciones personales de unas voluntarias. Nos dimos cuenta de que nos faltaba información y construir conocimiento”, detalló Sofía Scapeccia, una de las voluntarias. Es por eso que, lxs jóvenes que llevan adelante el Proyecto Aconcagua, se vieron en la necesidad de abrir un nuevo espacio para adquirir herramientas que permitan pensar las distintas problemáticas que afrontan y, frente a ellas, accionar.

Desde el comienzo, el tema fue abordado con respeto y responsabilidad. Con la intención de crear un clima confortable y seguro para todxs, antes de que se emprendiera el camino, se leyó una especie de manual de convivencia. “No hay preguntas que sobren, ni tampoco hay respuestas incorrectas. Cuando apuntamos a la formación, el aporte y las dudas de todos y todas contribuyen mucho”, aseguraron lxs voluntarixs. Una vez marcado ese punto de partida, empezó el diálogo guiado por José Viñales, Sofía Scapeccia, Andrés Morelli y Lucila Vizcarra.

Para poder hablar de la temática, fue indispensable trazar un eje analítico, que será también el que guíe los próximos encuentros. Lxs jóvenes que encaminaron la charla, propusieron en primer lugar, desmenuzar aquello que se encuentra por debajo para así poder entender y repensar aquello que vemos en la superficie. Conceptos como “patriarcado”, “capitalismo”, “violencia” y “poder” se colocaron en el centro del debate, entendiéndolos no como el contexto, sino como la raíz misma de la problemática. Así, entre anécdotas, intercambio y ejemplos, la primera parte concluyó comprendiendo al acoso callejero como una de las variantes de la violencia de género.

“El 80% de los varones que ejercen violencia no tienen ninguna patología psicológica, o sea que no son enfermos. Eso quiere decir que es una conducta aprendida y que se da con la socialización. No tiene que ver con la instrucción, ya que se da en todas las clases sociales. Tampoco tiene que ver con el alcohol ni con las drogas. Entonces, hay una característica de la socialización de los varones que es preciso analizar porque algo está pasando… Y sigue pasando…”, explicó José.

En la segunda parte de la charla, Lucila abordó el tema desde un aspecto legal. Explicó la Ley de Acoso Callejero que rige en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires desde diciembre del 2016, y que es la única norma en torno al tema en Argentina. Además, se conversó del caso de Lucía Cabrera, quien consiguió la primera audiencia de mediación por acoso sexual callejero. Lamentablemente, esta Ley sólo rige en esa jurisdicción, por lo que en el resto del país las mujeres aún no contamos con el respaldo del Estado en cuanto al acoso callejero.

Ya hacia el final, también se recordó el emblemático caso de Eva Analía De Jesús, más conocida como Higui, quien estuvo siete meses presa por matar a uno de los hombres que intentó violarla. Andrés leyó la carta que ella escribió cuando salió del penal. “La libertad no se mancha”, nos enseñó Higui. Es ese, y no otro, el motivo que reunió a varias personas que se acercaron al local del Proyecto Aconcagua el domingo: la libertad. Porque estamos hartxs de que la corrompan, de tener miedo, de acostumbrarnos a vivir las desigualdades. Este nuevo espacio de formación colectiva surgió “desde la rabia y desde el amor”, afirmó José. Y agregó: “Si el problema es colectivo, la solución también lo es”. Movidos por la emoción y la empatía, un aplauso unánime de todxs hacia todxs fue el cierre de la tarde. “El hecho de que estemos acá ya es un gran cambio. Que no seamos sólo mujeres, que haya gente del sexo opuesto que también piensa como nosotras… no estamos tan solas” dijo Belén, una de las concurrentes. Porque la esperanza está en crear estrategias colectivas para luchar, pensar y trabajar con lxs otrxs. “Ya no es una opción mirar para otro lado”, aseguró Florencia García, presidenta del Proyecto. Porque no estamos solxs y porque juntxs, podremos transformar nuestra realidad.

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_DSC0103Fotografías por Lara Pilar Soto y Sofía Scapeccia.


El Proyecto

“Este espacio está pensado a largo plazo. Incluso tuvimos un punteo de cosas para trabajar el año que viene”, contaron Andrés y Sofía entre risas. Es que todos lxs voluntarixs del proyecto comprenden que la realidad duele todos los días y que no hay tiempo para quedarse estancado.

“El proyecto es un estilo de vida, uno lo hace propio”, contó Lucila Vizcarra. Por eso, además de los Espacios de Formación Colectiva, que se dividen en dos grandes temáticas (violencia de género y violencia institucional), lxs voluntarixs llevan a cabo una olla popular: todos los sábados se juntan a partir de las 16 hs en su local para salir a recorrer las calles de Lomas de Zamora y Banfield por la noche. Sofía contó que tienen planeado llegar con las recorridas a Llavallol. Además, lxs jóvenes dan clases de apoyo escolar los días martes, miércoles y viernes por la tarde en un comedor y apadrinan una escuela en Fisco Grande, al norte de Santiago del Estero. Su principal objetivo allí es trabajar junto a la comunidad y generar un vínculo con la gente del lugar. Todas estas actividades las financian a través de una feria americana que ellxs mismxs crearon y que abre todos los sábados y el segundo y tercer domingo de cada mes.

“Construir algo de cero y verlo crecer desde la nada hasta lo que es hoy, es muy movilizador”, contó Florencia, la presidenta del Proyecto. Y confesó: “El proyecto es mi vida, es todo. Es lo que quiero hacer toda mi vida, es lucha. Lucha hoy, mañana y hasta el día que me muera”.

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Extra

Sobre el final del encuentro, José Viñales, uno de lxs voluntarixs que coordinó el espacio, contó una anécdota que hizo emocionar a todxs.
Relató que en una de sus visitas al comedor al que asiste a dar clases de apoyo escolar con el Proyecto, sus alumnitas se sorprendieron al verlo con las uñas pintadas. “Vi cómo las nenas pasaban por todos los estados emocionales. Me odiaban, me querían y me odiaban de nuevo”. “¿Por qué te pintaste? ¡Sacate eso!”, le decían. Pero a la semana siguiente fueron ellas mismas quienes le preguntaron por qué no llevaba ese día las uñas pintadas, ya que “le quedaba lindo”. José cuenta, feliz, que a la semana siguiente le pidieron que llevara un esmalte para que se pintaran todxs juntxs las uñas.
“Fue ir haciendo un trabajito de hormiga que generó algo, hasta el punto en que, durante la última actividad me regalaron un collarcito que usan ellas, algo que consideran que es para nena. Y me lo dieron a mí”.

2 Comments

  1. Muy lindo que jovenes como ustedes se comprometan con problemas de la sociedad como este.los felicito .Adelante no aflojen!!! Son un emplo a seguir para otros pares.

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