#ElPresenteEsFeminista: Florencia Alcaraz

Por María Delfina Casali
y Mercedes Pappa

María Florencia Alcaraz tiene 32 años, se recibió de Licenciada en Comunicación en la Universidad Nacional de La Matanza y actualmente es una referente del periodismo feminista. Trabaja como columnista en El Destape, como cronista en Revista Anfibia y ahora co-dirige su propio medio: LatFem. Tuvimos la oportunidad de charlar con ella sobre la situación actual del feminismo, el periodismo y los medios de comunicación, cómo se prepara el #8M y qué creé que sucederá con el aborto en el Congreso.


La biografía de Twitter es la presentación personal que una misma elige. Vos te definís ante todo como “Conurbana”. ¿Qué implica eso?

Bueno, yo soy de La Matanza. Crecí ahí, estudié en la Universidad Nacional de La Matanza. Es algo que fue quedando porque tenía un blog que se llamaba “Conurbana” cuando era estudiante de periodismo.  Trabajé mucho con jóvenes y adolescentes en situaciones de vulnerabilidad haciendo talleres de acompañamiento en el conurbano. Por ejemplo, daba talleres para que ellos contaran historias con el cine o con el periodismo como herramienta. Era un doble trabajo que tenía que ver con la comunicación pero que también era un acompañamiento social, comunitario. Y muchas de esas historias eran historias de vida atravesadas por las violencias machistas y otras formas de violencia. Era muy impactante para mí, entonces empecé a escribirlas de alguna manera: ficcionalizando algunas, tomándolas como disparadores, escribiendo relatos… Y eso lo publicaba en el blog que se llamaba “Conurbana”. Todos los relatos eran con una impronta muy fuerte del conurbano.

También es algo que yo reivindico como identidad política. No es lo mismo ser feminista en Capital que serlo en el conurbano, ni ser estudiante de periodismo acá que serlo en el conurbano. Eso va moldeando tu identidad. Me parece que es una territorialidad que yo reivindico políticamente, que me fue formando y que también habla de un ejercicio del feminismo popular que a mí me interesa. Esto es, cómo se desarrolla el feminismo en los barrios. Muchas veces quienes estudian el feminismo o quienes se especializan en los ámbitos académicos van a los barrios con algo a priori, sin saber y llegan y las minas que viven en los barrios ejercen el feminismo en los comedores comunitarios y en todos los espacios. Hacen feminismo sin marco teórico, como digo yo: hacen feminismo sin saberlo. Me parece que la identidad conurbana es reivindicar un poco todo eso. A mí me interesa hacerlo porque no me da lo mismo. No es ni mejor ni peor, pero es una identidad más.

¿Hay alguna cobertura que hayas hecho que te marcó como periodista feminista?

Varias. El caso de las hermanas Jara fue una de ellas. Eran de Moreno. Se defendieron de un tipo que quiso abusar de ellas clavándole un cuchillo en la espalda y ambas fueron detenidas. Para mí, ese caso fue central porque tiene que ver con la defensa personal de las mujeres. Estuvieron presas mucho tiempo, bajo una causa de lesiones graves, cuando lo único que hicieron fue defenderse de un varón más grande que ellas que las violentó y que tenía un arma. Antes de esto, yo trabajaba en policiales, pero a partir de este caso, empecé a enfocarme en cuestiones de género. Fue un desafío personal, y hoy me siento muy privilegiada porque en el periodismo no es fácil especializarse en un tema, y menos en este.

¿Qué necesita el periodismo para cubrir casos relacionados a violencia de género?

Lo más importante es escuchar a las víctimas, y pararse en un lugar que no sea desde la pena o la compasión, sino de igual a igual. También hay que escuchar a los familiares de las víctimas, y desestimar todas las versiones oficiales en relación a estos casos. Hay que escuchar a las organizaciones, a quienes trabajan en esos ámbitos. Siempre sucede que los femicidios son tomados como casos aislados, pero debemos pensarlos como parte de una trama y de un todo.

Tampoco es lo mismo una mujer que se defiende de un varón que la va a violar en San Telmo, que una que lo hace en Moreno. Por eso, pensar cómo se cruzan e intersectan los sujetos, los territorios y las tramas es fundamental. A pesar de que el patriarcado es uno solo, la forma y las estrategias de defensa, las comisarías y los acompañamientos a las víctimas no son las mismas en todos lados, y eso hay que tenerlo en cuenta. También hay que tener en mente algo muy básico y primordial: las mujeres somos personas, y por eso no debemos ser discriminadas, ni disminuidas, ni violentadas. Una cobertura feminista debe ser respetuosa de los derechos humanos.

Hay ciertas guías de tratamiento que indican cómo tratar periodísticamente estos casos, pero no es necesario seguirlas al pie de la letra. Uno de los puntos que marca es que en todas las notas debe aparecer la línea 144, y eso hoy no sirve porque la línea no funciona.

Dentro del periodismo feminista, ¿cuáles son tus referentes?

Yo me crié mirando en la televisión a Liliana Hendel, que estaba los mediodías en Canal 13, y tocaba temas de la agenda de mujeres. Hoy, con las redes sociales como megáfono, todo se magnifica y hay otra lógica mediática. Antes, lo que pasaba en la tele se comentaba con la familia, y ahí quedaba.

Mariana Carbajal y Luciana Peker también son referentes y abrieron diferentes caminos. Otras mujeres que han hecho mucho por la comunicación feminista son Alfonsina Storni, Juana Manso y María Moreno. Hay un montón de periodistas a las que hay que rescatar, porque muchas veces no se reconocen ni se estudian.

¿Cómo ves los medios hoy?

Cuando yo empecé a estudiar periodismo en el 2002, a una cuadra de mi casa habían matado a la hermana de una compañera mía del colegio. Había sido su pareja, un caso de femicidio. Y en ese momento todos los medios de La Matanza titularon: “Crimen pasional: la mató por celos”. Eso era lo normal, nadie lo había puesto en discusión. Yo lo vi y me pareció raro porque a esa persona la conocía y sabía que era un violento, y que no la había matado ni por amor, ni por celos: que la había matado porque era un violento. Y que era muy probable que la matara porque tenía actitudes violentas todos los días hasta con sus vecinos. En los barrios se sabe todo, se conoce todo de todos. En ese momento los diarios titularon “Crimen pasional” y eso hoy no podría ocurrir, creo que hay un cambio. La palabra “femicidio”, que es del ámbito político, entró en los medios de comunicación a fuerza de militancia tanto de las periodistas feministas como de afuera hacia adentro de las movilizaciones en las calles y del feminismo organizado. Hoy hay un cambio si lo comparo con el momento en el que yo empecé a estudiar periodismo. Era imposible que las palabras “femicidio” o “violencia machista” estén. En ese momento se hablaba de “violencia doméstica”.

Hoy creo que estamos en un momento que es una trampa, un empate técnico. Una ve los titulares y no dicen “crimen pasional”, pero hay formas de discriminación y de violencia simbólica y mediática hacia las mujeres que son, quizás, hasta peor que decir “crimen pasional”. En 2015, cuando fue el NiUnaMenos, había un titular que sacó Infobae y que nosotras damos mucho en los talleres. Decía: “Femicidio: cómo identificar a los que matan por amor”. Se estigmatiza y se reproduce violencia hacia las mujeres de distintas formas.  Creo que hay un cambio que tiene que ver con la militancia persistente en las calles y la tenacidad del movimiento de mujeres (de lesbianas, de travestis y de trans), pero todavía estamos en un proceso. Falta un montón.

“Creo que hay un cambio que tiene que ver con la militancia persistente en las calles y la tenacidad del movimiento de mujeres (de lesbianas, de travestis y de trans), pero todavía estamos en un proceso.”

La cobertura del caso de Nahir Galarza sería un ejemplo muy claro, ¿no?

Yo ahí veo varias cosas. Estamos tan naturalizados a los femicidios que cuando aparece un caso de una mujer que mata a un varón es el caso excepcional y todos los medios van a cubrirlo. Si bien ya no se dice más “crimen pasional”, cuando una mujer (que todavía no está definido ni se sabe cómo fue) mata a su pareja varón hay una operación que trata de decir que la violencia de género se da al revés y demás.

Avanzamos mucho pero hay cuestiones como las que nombrás que siguen apareciendo… ¿por qué pensás que algunos se mantienen tan resistentes  al cambio? Sobre todo los que tienen la responsabilidad de estar frente a un micrófono.

Yo creo que hay resistencia hacia el feminismo porque éste plantea una transformación de todas las identidades. El feminismo es un movimiento social que genera incomodidad y frente a ésta aparece una resistencia. Viene a disputar básicamente dos cosas: las identidades y la distribución de poder. Estas cosas organizan la vida social, cultural, política, deportiva, económica, etcétera. Es, de alguna forma, natural que se generen resistencias, que haya miedo o que nos digan: “No no no, quieren cambiarlo todo”. Y sí, queremos cambiarlo todo. No venimos nada más porque dejen de matarnos: venimos porque queremos cobrar igual, porque queremos tener igual acceso al trabajo, porque queremos paridad en la política… y así infinito. Estamos en un cambio de paradigma: en el 1900 era “natural” o “normal” que nosotras no votemos. No fue hace tanto… En algún momento va a dejar de ser “natural” que, cuando hay un acto de las corrientes sindicales, los únicos que hablen sean varones. A mí como feminista eso hoy me parece una locura y en algún momento le va a parecer algo extraterrestre a todo el mundo.

Sé que estar en el proceso genera mucha ansiedad: queremos que todo pase ya. No es fácil tampoco para aquellos que se criaron y crecieron con otros paradigmas. Es lo que pasa por ejemplo con Moria Casán: ella está defendiendo una estructura de pensamiento sobre la cual montó su vida. No es fácil, porque venimos a disputar y desarmar todo eso. Para mí el feminismo es la revolución de este siglo. Estamos en la revolución de las mujeres.

“Para mí el feminismo es la revolución de este siglo. Estamos en la revolución de las mujeres.”

¿Cómo ves la presencia de mujeres referentes del feminismo (como Malena Pichot, Julia Mengolini, Luciana Peker, Bimbo Godoy) en la televisión? ¿Creés que es oportunismo o verdadera voluntad de cambio?

Yo creo que la televisión ya no puede evadir el tema, nadie se puede hacer el tonto o la tonta. El feminismo, en tanto sujeto político, ha sido subestimado. Hace 32 años que se hacen los Encuentros Nacionales de Mujeres y nadie va a cubrirlos. Se juntan miles y miles de mujeres todos los años, en una provincia distinta y nadie va a cubrir eso. De repente, un día, un 3 de junio de 2015 se juntan 250.000 personas en la Plaza del Congreso y toda la gente que no vio lo que estaba pasando hace 32 años dice: “Epa, ¿qué pasó acá?”. Para mí fue natural. Las que venimos militando en esos espacios sabíamos que era un devenir, algo que iba a ocurrir en algún momento. En ese proceso las corporaciones mediáticas y sindicales son los dos ámbitos que, para mí, generan más resistencia al cambio.

Lo que pasó con Rial en este verano fue que él identificó que lo que pasa en la calle no puede estar disociado de lo que pasa en la televisión. Ésta es anacrónica, vieja, no nos representa. Representa un mundo irreal para nosotras. Si es oportunismo o es identificar lo que está ocurriendo… lo que sé es que a nosotras nos sirve un montón. Hay que montarse sobre esas cosas y poder llegar a más. El feminismo popular al que nosotras apelamos es un feminismo que llegue a más y no que nos sigamos hablando entre nosotras y que se haga un corralito en el que seamos siempre las mismas. Y bueno, una forma de llegar a más es estar en el programa de Rial y en todos los programas.

Creo que él fue contemporáneo a su época y después vio que no le bajaba el rating por sentar a Bimbo y que diga la palabra “Misoprostol”. Al contrario, la gente quería escuchar más. Hay un público, una escucha, una audiencia y hay que entender lo que está pasando acá y en el mundo. La cobertura del caso de Calu Rivero fue muy anacrónica con respecto a la cobertura que tuvieron en Hollywood todos los casos de abusos.

A pesar de las coberturas machistas y todo lo que sucede en los medios tradicionales, también surgieron muchos medios online con especializaciones de género. LatFem es uno de esos casos. ¿Cómo surgió?

Dos de las que dirigimos LatFem trabajábamos en medios y, con el cambio de gobierno, fuimos despedidas: eso nos empujó a organizarnos y formar nuestro propio medio. También tiene que ver con todo lo que está pasando en el mundo. Hoy un medio feminista es posible porque hay un público y hay mucha mayor conciencia social en relación a la agenda feminista. Además de que este es un proyecto personal y colectivo, quienes formamos LatFem entendimos que estaba faltando un portal digital que tenga una perspectiva feminista y que no sólo se ocupe de la agenda tradicional del feminismo, sino que también pueda apelar a todo lo que hacemos las mujeres para estar vivas. Para mí, un periodismo feminista va por ese lado: es un periodismo de denuncia y demanda, pero también es un periodismo que pone el deseo de una vida mejor traducido en historias de vida y organización. Tiene que ser un periodismo feminista que no sólo tenga en cuenta las violencias, sino también la economía, la política, el deporte… todo. Intentamos que la mirada sea amplia: que no sean sólo “los temas de las mujeres” ni tampoco “los temas del feminismo”.

¿Cómo se manejan en la redacción? ¿Son todas mujeres las que escriben?

Somos cuatro co-directoras que creamos el portal y trabajamos como editoras. Tenemos colaboradoras, que son en su mayoría mujeres, pero también hay colaboradores varones porque el feminismo cree que la biología no es destino y que ser feminista no tiene que ver con el estatus biológico de una persona, sino con una forma de pararse frente al mundo. Obviamente, todas las identidades femineizadas tienen prioridad en el portal, pero también a veces escriben varones.

Además de nosotras cuatro, hay cuatro personas que trabajan en colaboraciones específicas y con lo referido a redes sociales, campañas y producción de videos. También hay en el equipo una ilustradora, una diseñadora y una programadora. Tenemos una red de colaboradores en América Latina y el Caribe, sobre todo en Uruguay, Paraguay, Chile y Bolivia. Después tenemos alianzas con distintos medios (feministas y no) que nos permiten sobrevivir en el ecosistema de medios que es tan hostil, sobre todo en este momento.

¿Qué banderas levantan?

El feminismo es nuestra principal bandera porque está en contra de todo tipo de opresión. Entonces, nuestra bandera es anticapitalista, anticlerical, antineoliberal… Al estar contra todo tipo de opresión, también podemos hacer noticias que tengan que ver con la violencia institucional, con la violencia a las comunidades afro y comunidades indígenas, etcétera. Hay una agenda de derechos humanos que nos interesa, más allá de la agenda del feminismo. Por ejemplo, toda la movilización que se dio en diciembre la cubrimos mucho porque el feminismo está hermanado con todas las movilizaciones populares.

alcaraz

¿Cómo se están preparando para el 8M? Vos estuviste presente en todas las Asambleas de febrero, ¿cuáles son los ejes de este paro y esta marcha?

Creo que el principal y el más importante es la despenalización del aborto. Esa tiene que ser, en Argentina, la bandera que se levante porque este año ocurrió algo interesante, y es que estamos frente a la posibilidad histórica de que se convierta en ley. Es la deuda del Congreso con las mujeres y con todos los cuerpos gestantes. También es interesante lo que pasó en la Asamblea, porque estuvieron presentes todas las mujeres que están en conflictos laborales: las despedidas del INTI, del Posadas, las trabajadoras sociales de la Villa 31, las trabajadoras de Defensa. Ellas encabezarán la marcha y así se posiciona el feminismo en tanto actor opositor al gobierno y al planteo neoliberal de toda la Argentina. Es un salto que ha dado la movilización, que no es solamente un pedido por basta de femicidios, sino también por basta de precarizar nuestras vidas y existencias. Por eso se realiza un paro. Ahí no solo están las mujeres despedidas, sino también aquellas organizadas, como las parejas de los mineros despedidos en Río Turbio. Planteamos que ante la feminización de la pobreza y el ajuste que afecta más fuertemente a las mujeres, también hay una feminización de las resistencias. Las Asambleas para organizar el paro ya son marchas en sí mismas. En la primera hubo más de mil mujeres. Eso significa que frente a todo este contexto hostil, que es más adverso para nosotras, nosotras nos organizamos con más fuerza. En las Asambleas, está presente todo el arco opositor al gobierno: hay una transversalidad que le da potencia a la marcha, al reclamo, y es lo que se subestimó durante años. Es la traducción de los Encuentros Nacionales de Mujeres, a los que van radicales, peronistas y las que no militan en ningún partido. En el feminismo encontramos un lugar para todas, no es un lugar para determinadas militancias. Hoy, este gobierno nos aglutina a todas con mayor fuerza, porque nos perjudica a las mujeres.

“La despenalización del aborto… es la deuda del Congreso con las mujeres y con todos los cuerpos gestantes.”

¿Qué pensás que va a pasar con el aborto?

Creo que vamos a llegar al recinto, que es la expresión de una Campaña Nacional que tuvo la estrategia de sostener el tema en las calles desde hace muchos años. No es porque Macri habilitó el debate, sino porque las feministas planteamos la cuestión y construimos una mayoría social. Por otro lado, ese oportunismo de permitir el debate del aborto puede salirles muy mal, porque ellos cuentan con que no se va a votar, pero puede suceder que sí.

Hoy, todas las encuestas (las de Feinmann, las de Rial y las de las consultoras con mayor nivel de precisión) revelan que hay un consenso social sobre la despenalización y legalización del aborto. Eso fue construido con persistencia, tenacidad, militancia en la calle, con brindar información pública y tratar de paliar esa situación de clandestinidad gestionándonos nuestros propios abortos a través de las socorristas y el Misoprostol. Hoy se da la oportunidad porque hubo una alianza histórica con los medios de comunicación, que pusieron el tema sobre la mesa. Eso traccionó y permeó al Congreso, que ya no puede dar marcha atrás.

Hay que ver qué pasa en Senadores, que es la cámara más conservadora. Pero ya lo que pasó en el pañuelazo, y en la apertura de sesiones cuando el Presidente nombró la palabra aborto (cosa que ningún primer mandatario había hecho antes), es un avance. No es mérito de Macri, sino nuestro, pero tampoco puede escindirse de todo lo que pasó.

En la apertura de las sesiones legislativas, Macri nombró varios puntos de la agenda feminista, ¿creés que realmente va a cumplir con su palabra?

Me parece que fue meramente enunciativo. No le creo. El año pasado Macri dijo una sola vez la palabra “mujer” y fue en relación a los femicidios. Así que hay un logro en que haya nombrado la agenda de las mujeres y de todas las identidades, pero yo no le creo porque todo el ajuste económico que está haciendo afecta mucho a las mujeres. Y no hay Ni Una Menos sin libertad económica.

Hay un feminismo de derecha. El programa de ESI fue desfinanciado, hubo despidos y solo fue ejecutado un 60 % del presupuesto del año pasado… lo que dice es un anuncio declamativo en relación a lo que pasa en las calles, y que no puede dejar de decirlo, pero no me genera muchas expectativas.

¿El futuro es feminista?

El presente es feminista. Aún tenemos que desaprender un montón de cosas que el patriarcado ha inculcado en nosotras. La revolución de las mujeres es muy reciente, pero nos debemos un programa más propositivo del presente que queremos, y mucho de eso está en los Encuentros Nacionales de Mujeres. Ahí hay otras formas de relacionarse, de hacer la comida, de salir a la calle. Son 3 días en los que se convive de otra manera, en los que una no tiene miedo de lo que pueda pasarle en la calle. Esa realidad que deseamos ya existe.

 

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