La (re)reinvención del periodismo: entrevista a Martín Becerra

Por Mercedes Pappa

Martín Becerra es un acádemico de la comunicación muy reconocido en el país. Es investigador en el Conicet, y profesor en la Universidad de Quilmes y la Universidad de Buenos Aires. Se especializa en el análisis de políticas de gobierno sobre medios de comunicación y en Tecnologías de la Información y la Comunicación. Se autodefine como “agnóstico pero riquelmista”.


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Ilustración por Eugenia Braun

Se están desfinanciando los medios tradicionales. ¿Cómo están sobreviviendo hoy? ¿Cuánto tiempo de vida les queda?

Es un combo donde entran muchas estrategias distintas, según el medio del que hablemos. Empecemos por los medios de los que menos hablamos en Buenos Aires, que son los del resto de la Argentina. En muchos casos son medios pequeños, más precarios económicamente, a veces en localidades donde no hay una actividad económica con grandes anunciantes. Esos medios tienen mecenas, como si estuviéramos a principios de la Edad Moderna: un tipo, o una mina, o una empresa, o un político les pone plata para que existan. El mecenas condiciona, porque el medio depende de él. Así funciona una parte importante de los medios del país. Otra funciona con pauta estatal, no solo del gobierno nacional: los gobernadores e intendentes también la asignan. Otra gran parte de los medios funciona subalquilando espacios. Se ve mucho en las radios de Capital Federal. El espacio en las radios se vende, a pesar de que está prohibido por la ley. Es una práctica muy extendida hoy, y también la vemos en la señal de televisión por cable Magazine. Incluso La Red, radio líder de Buenos Aires, los sábados y domingos subalquila espacios. América TV subalquila el fragmento de la madrugada. Y son canales de aire de Buenos Aires. ¿Qué le queda a Posadas o a Jujuy? Por último, existe un segmento, que en términos cuantitativos es muy pequeño, que se banca con la venta del producto.

Hoy, los medios viven del rebusque: no hay nada estable, es lo que venga. Si mañana Coca Cola le propone a Telefe bancarlo todo el año, y que el noticiero se llame “Telefe Coca Cola”, seguramente Telefe acepte. Así sucedió en la década del 60, cuando ESSOminuto era un noticiero, y la empresa petrolera ESSO era el auspiciante. Las modalidades tradicionales ya no funcionan para casi ningún medio.

Obviamente, la crisis actual nos coloca en la situación de pensar reglas de juego que permitan equilibrar todo el dinero que el estado pone en el sistema de medios, haciéndolo de forma transparente y ecuánime, sin discriminar. También considerar un sistema de subsidios. El estado subsidia la educación privada, incluso la confesional. Creo que, de igual modo, debe subsidiar una parte de la producción de contenidos, porque es importante que haya noticias locales en lugares pequeños, y también que haya noticias barriales en lugares grandes. Así se banca el servicio público televisivo en los países centrales de toda Europa Occidental, que es capitalista. La sociedad destina una parte de sus ingresos a sostener la producción de contenidos de calidad. Por las relaciones tan viscosas que hay entre medios y política, el estado argentino ya está haciendo esto, pero por debajo de la mesa.

Una perspectiva más liberal propone que haya filántropos que armen una fundación para hacer periodismo de investigación, como la asociación ProPublica en Estados Unidos. Eso, como modelo, funciona bien en lugares como Estados Unidos, donde hay tipos ultra millonarios. En Argentina, no se puede hacer, porque la legislación sobre los impuestos es distinta y la tradición, también. El problema de eso es que ProPublica va a investigar de todo, menos a quien la financia.

También cuesta hacer rentables los medios online. Clarín y La Nación implementaron muros de pago, imitando al New York Times, pero no tuvieron el mismo éxito. ¿Qué estrategias serían útiles teniendo en cuenta las audiencias nacionales?

Yo creo que es prematuro decir que los muros de pago no funcionaron. Puede que se trate de una estrategia de fidelización, cosa que a las empresas siempre le sirve. Pero no son el New York Times, no son una marca global, no tienen un contenido de gran calidad, y no lo tendrán. Para tener suscriptores, hay que tener un contenido exclusivo de altísima calidad, cosa que Clarín y La Nación no tienen. Además, es como pegarse un tiro en el propio pie, porque Clarín es un medio generalista cuyo modelo de negocio siempre fue la masa. Yo podría entender un muro de pago en un medio como Ámbito Financiero, que tiene un producto más de nicho.

Respecto a esto, hay dos miradas muy opuestas: la de The Guardian versus la del New York Times. El New York Times implementó muro de pago, y sí que recauda, porque tiene suscriptores en todo el planeta, y destina mucho tiempo a hacer notas de calidad. The Guardian dice que no implementará un muro de pago, porque su estrategia es brindar información que es de interés público para que llegue a la mayor cantidad de personas posibles. Con ese modelo, capta anunciantes publicitarios y crea un compromiso con los lectores distinto del que logrará el New York Times. Pero ese medio tiene una lista de condiciones que no tendrá nunca un medio argentino.

Acá, se pueden implementar otras estrategias. A Infobae, por ejemplo, no le va mal. Tiene un modelo que es distinto, porque corre con la ventaja de nunca haber tenido una redacción analógica. Parte del problema que tienen muchos medios tradicionales cuando quieren hacer su versión online es que tienen una estructura de costos que es tremenda. Creo que lo irán resolviendo. El diseño de la redacción de Infobae es mucho más pequeño, y con periodistas y empleados pensados para una estructura digital. Tiene un estilo que combina dos mundos que parecen irreconciliables, que son buscar el click y apostar a columnistas que tienen su prestigio y hacen notas de contenido periodístico. Es un modelo mixto, y tiene una expansión geográfica alucinante. Es uno de los portales más leídos en Venezuela, por ejemplo.

Luego, hay otros productos más de nicho. Por ejemplo, Revista Anfibia. No es masivo, cubre determinados temas. Tiene un modelo económico que combina parte de lo que aporta una Universidad Pública con recaudación propia -sea por anuncios publicitarios, o por eventos (talleres de periodismo, fiestas)-. Como son un producto más segmentado, logran una mayor fidelización e involucran a sus lectores en el sostenimiento económico del producto. Tal vez, los lectores no pagarían una suscripción, pero sí van a una fiesta de fin de año. Otro modelo interesante es el de la radio Futurock, donde hay un gran compromiso del público.

comunidad futurock
La radio online Futurock se financia gracias a una comunidad de oyentes que hace un pequeño aporte mensual y obtiene beneficios por eso

Afirmás que los dueños de los medios ya no se interesan por sus audiencias, y que solo buscan tener buena relación con el gobierno. El ejemplo más claro es que despidieron a Navarro de C5N, a pesar de que tenía una gran audiencia. ¿Cambió la vieja noción del periodismo como contrapoder?

Sí. Ya no existe como ideal de los periodistas hoy. Una cosa es cuando uno es estudiante, y otra, cuando entra al medio. Meterse con el poder deja de ser un ideal. Hay rarezas, como Hugo Alconada Mon, un tipo que contra viento y marea sigue investigando, le caiga como le caiga a Cristina Fernández o a Mauricio Macri. Pero es un caso peculiar.

Creo que como mecanismos de supervivencia, es lógico no tener ese ideal. Las audiencias tampoco lo piden. Los consumidores suelen posicionarse de uno u otro lado de la grieta, y no les interesa que les hablen mal del político que les gusta.

Martín Caparrós escribió: “Los editores siempre tuvieron la ansiedad de satisfacer a su público; nunca tuvieron, como ahora, tantas técnicas para determinar qué quiere. Se genera un círculo: te doy basura, te entreno en la lectura de basura, te acostumbro a la basura, me pedís basura, te la doy. Por eso parece que habría que hacer periodismo contra el público. Periodismo es, cada vez más, contar las cosas que muchos no quieren saber”. ¿Qué pensás de esta frase?

Es una declaración que responde a una cabeza formateada en el mundo anterior. Yo coincido, y me encantaría que fuera así, pero no lo es. A veces, Fontevecchia en sus columnas habla de eso: de ser contramayoritario. Lo dice para vender mejor su marca, afrima que ellos fueron antikirchneristas desde el primer momento, mientras que Clarín criticó tarde al gobierno anterior. A la corta, eso no se capitaliza, pero a la larga, genera credibilidad, porque el público reconoce que se fue coherente. Porque sino, es muy demagógico: a la gente le gusta el sabor dulce de leche, y los medios dicen que es el más rico. Eso tiene poca gracia.

Los medios hacen una alfabetización y construyen público, no son simplemente un reflejo del público. Yo siempre fui contrario a la idea de la manipulación, pero los medios contribuyen a gestar ambientes, percepciones. Y hay una responsabilidad en eso. Si uno solo da lo que supone que le están pidiendo, es un círculo vicioso de retroalimentación endogámico del que no se sale.

Este es un fragmento de una entrevista de Luis Novaresio a Mario Pergolini, en la que debaten acerca de este tema:

Muchos tildan al gobierno de neoliberal o lo acusan de que deja primar la lógica del mercado. Sin embargo, vos afirmás que el gobierno tiene una participación muy activa en la regulación de medios de comunicación, ¿cuáles son los peligros de esto?

Es un gobierno que define reglas de juego cambiantes. Esa actividad para mí tiene 2 comunes denominadores: uno es que vienen potenciando la concentración del sector en pocas manos -particularmente en Grupo Clarín, y cualquier principio democrático de ordenamiento de la comunicación dice que la concentración excesiva es negativa-; y otro, que es un gobierno que toma las decisiones muy unilateralmente. Eso es curioso, porque el gobierno cuenta a su favor con la constante explotación de la herencia recibida. Efectivamente, el anterior también era un gobierno muy unilateral, con un estilo más patotero y con figuras míticas, como Moreno. El actual, si bien tiene formas más amables, decide por decreto (al menos en el área de comunicación). No sanciona leyes, sino que define en una mesa chica junto con los representantes de los grandes grupos de medios. Ahí se dirime todo.

Eso que complementa y potencia la concentración de los medios (que es el sentido que tienen esas políticas) también es un demérito para el funcionamiento democrático. El sector de la comunicación es muy sensible: hay cuestiones relacionadas con libertad de expresión, el derecho a la competencia y los derechos de usuarios y consumidores. Hay que aclarar que estos dos no son lo mismo. El gobierno, en general, cuando habla  de los derechos, se refiere a los de los consumidores y se olvida de los de los usuarios. Estos últimos hacen más a la dimensión ciudadana que tenemos, tienen que ver con información necesaria. Nuestros dirigentes omiten esta dimensión olímpicamente. Si se está explotando una licencia de televisión que es de interés público, hay cosas que se pueden hacer y cosas que no. Se supone que en un noticiero de un canal abierto se debería tener un cuidado de las fuentes y de las perspectivas que se incluyen en las noticias principales que se emiten: esos son derechos ciudadanos, de los usuarios. Hoy están vulnerados, y en la Argentina nunca estuvieron del todo contemplados. La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, como texto normativo, fue un gran avance a la hora de reconocer esto legalmente, pero fue pésimamente aplicada por el kirchnerismo. Gracias a la ley, se creó un organismo llamado Defensoría del Público Audiovisual. Aún hoy existe, pero el gobierno actual la tiene acéfala. Tiene una pequeña pero fértil historia en hacer una especie de pedagogía sobre los derechos de los ciudadanos en relación a los medios.

¿Por qué a pesar de la política de Macri de “premiar amigos” a través de la pauta oficial también están cerrando medios que tienen una línea ideológica afín al gobierno?

Por un lado, si bien el gobierno es menos discrecional que el anterior, lo sigue siendo. Castiga a medios que no son oficialistas -a pesar de que tienen rating-, como la radio AM 750, de Grupo Octubre. Pero también cierran publicaciones oficialistas, como La Razón, que es de Clarín. Eso es porque reducir toda la crisis de los medios -que es enorme, compleja y abarca muchas aristas- solo a la adscripción o no de la línea editorial de los medios al gobierno es una simplificación errada. Los medios en todos los países -incluso en aquellos que han tenido continuidad en sus gobiernos, como en Uruguay- también tienen una profunda crisis. Esto se deriva del cambio tecnológico y de la competencia que ejercen los gigantes de Internet intermediando en la asignación de la pauta estatal y privada: Ford y Coca Cola, por ejemplo, ponen cada vez más pauta, en general, a Internet, y en particular, a Google y Facebook.

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Distribución de la pauta oficial durante el segundo semestre de 2017 (informe de Espada y Marino en Letra P)

La torta de pauta tiene una porción que es estatal -en Argentina es un actor muy importante, entre el 5% y el 10%- y una porción privada. Durante el primer año del gobierno de Macri, la pauta estatal benefició mucho a Google y Facebook. Ya en el segundo semestre de 2017, eso disminuyó, en parte por la queja de los medios tradicionales. De todas formas, la tendencia de que la pauta pública y privada vaya cada vez más a Internet es lógico, porque es a donde se dirigen las audiencias. Es un cambio irreversible. También tiene lógica el reclamo de los productores de contenido, que siguen siendo los viejos medios. Porque en las redes sociales nosotros conversamos sobre los contenidos periodísticos que producen ellos. Los medios tienen un costo que es el de sostener la producción, y el demérito de que se les va una parte de la renta que antes obtenían ellos, y ahora no.

Hace poco, Google y Facebook firmaron un acuerdo con la Comisión Europea. ¿Eso significa que se los puede regular para que dejen de ser todopoderosos?

Para mí, muy lentamente vamos hacia regulaciones que ponen en tela de juicio los manejos que tienen. Van desde cuestionar lo económico y  el uso de los datos personales de las cuentas a Facebook, hasta la automatización masiva de cuentas que permiten expandir de modo inédito el alcance de una campaña y propagar, eventualmente, fake news. El poder de llegada es capilar, y ese tipo de manejo está cada vez más cuestionado.

Será un proceso muy lento, porque hay cuestiones muy sensibles que tiene que ver con la libertad de expresión. Facebook y Google ejercen un gran poder de censura privada. Hasta censuraron la foto de la niña de Napalm, que es una foto histórica… Hay cuestiones que están siendo revisadas. Lateralmente, tiene que ver con lo que anunció Twitter sobre que dará de baja la actividad sospechosa de bots. Creo que las empresas están tratando de cubrirse de posibles daños colaterales, y lentamente los poderes públicos están avanzando, pero es delicado.

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Fotografía de la niña de Napalm, censurada por Facebook

Los hábitos de consumo cambiaron mucho en este último tiempo. ¿Por qué Netflix es la empresa líder? ¿Qué supo ver que otras no?

Creo que es una combinación de cosas. En primer lugar, tiene un diseño muy amigable. Le saca muchos cuerpos de ventaja al diseño de Cablevisión Flow, por ejemplo. Netflix es muy usable. Se cae poco, incluso en lugares como Argentina, donde la conectividad es pésima. Por otro lado, la cultura es mucho reciclaje -y lo demuestra Canal Volver-. A la humanidad le gusta reencontrarse con los momentos que le generaron placer. Los cuentos que leemos de niños y las novelas que leemos de adultos tienen muchos guiños de cosas que ya conocemos. De lo contrario, todo sería ruptura y vanguardia, y no entenderíamos nada. Nuestra cultura es un código de reconocimiento. Lo que ve Netflix es ese potencial. Además, es legal. Hasta hace unos años, muchos usábamos Peer to Peer. Netflix tiene un precio razonable, una buena plataforma y un banco amplio que te reconecta con cosas que te gusta ver.  Otro punto fuerte son las recomendaciones que hace en base a los algoritmos. Hay una economía de los datos que la empresa explota muy bien, y hace productos a la carta. No solo tiene en cuenta las variables más obvias, como el sexo, la edad, el nivel socio-económico o la ubicación geográfica, sino que muchas más. También tiene una gran capacidad de adaptación. Desde que se inventó, fue cambiando muchísimo con el paso de los años.

netflix
Una de las variables del algoritmo de Netflix es tener en cuenta las etiquetas que se repiten en los distintos contenidos

Nota final: esta entrevista fue realizada a fines de febrero. En ese momento, aún no sabíamos que Facebook tenía todos nuestros datos personales (¡ja!) y que podían ser utilizados en ciertas operaciones sin nuestro consentimiento. Por eso el tema no está presente en la entrevista. Así que, a continuación habrá una serie de links sobre notas interesantes que remiten al escándalo de Facebook con Cambridge Analytica:

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