Yo te quiero enseñar un fantástico mundo

Por Ayelén Cione

Sábado lluvioso de los 90´, ¿Dvds? ¿Cuevana? ¿Netflix? Eran todas cosas desconocidas para ese entonces. No había ni wi-fi ni celulares, la mejor opción para esa noche era visitar, una vez más, algún videoclub.


La sala destinada a las películas infantiles era la puerta de entrada hacia un mundo de fantasía para cada niñx. La Cenicienta, Blancanieves, La Sirenita, y La Bella y la Bestia eran algunas de las figuras reinantes de las góndolas. “Muchas gracias, la devolución es en 48hs y con la peli rebobinada”, explicaba la vendedora.

El VHS estaba listo, “la bruja del mar” le cantaba a La Sirenita

“-Úrsula: Quiero tu voz
-Ariel: ¿Mi voz? No puedo
-Úrsula: Tienes tu belleza, tu linda cara y no debes subestimar la importancia que tiene el lenguaje corporal… Hablando mucho enfadas a los hombres, se aburren y no dejas buen sabor, pues les causa más placer las chicas que tienen pudor, ¡¿no crees que estar callada es lo mejor?!”

¿Nos poníamos a pensar sobre qué nos estaba transmitiendo la canción? ¡Claro que no! Si los dibujitos animados eran un ámbito en apariencia inocente, desprovisto de amenaza y contenido ideológico. A través de situaciones divertidas y carentes de sentido estaban logrando penetrar en nuestras mentes ciertas identidades y modos de ver el mundo: Úrsula le estaba ofreciendo a Ariel una vida afuera del mar para conocer al “amor de su vida” a cambio de su voz, de su talento, asegurándole que, a pesar de estar silenciada, ella podría triunfar a través de su cuerpo. “Cuerpo” entendido como un espectáculo para ser deseado, contemplado y utilizado por los hombres. Es así como Ariel decide renunciar a su vida, a su familia, a sus hábitos y hasta a su propio físico para conocer a Eric.

“A través de situaciones divertidas y carentes de sentido estaban logrando penetrar en nuestras mentes ciertas identidades y modos de ver el mundo”

En el caso de La Bella y la Bestia, cuando Gastón se encuentra con Bella leyendo un libro le menciona: “El pueblo entero lo comenta, no está bueno que una mujer lea, enseguida empieza a tener ideas y a pensar…” Y Bella le responde sutilmente: “Gastón, eres un hombre muy primitivo”.

Blancanieves, por su parte, se presenta a los siete enanitos diciéndoles: “Si me dejan vivir en su casa serviré de mucho, sé lavar, coser, barrer y cocinar”.

¿Cómo se muestra a las mujeres en estos relatos? ¿Qué actividades desempeñan? ¿Qué espacios transitan? El denominador común será la omisión de sus potencialidades intelectuales, proyectos propios y fuerzas y seguridades individuales para centrarse exclusivamente en el cuidado de la casa y de la familia, quedando absolutamente excluidas de los espacios productivos.

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En la canción “Honra nos darás”, por ejemplo, se busca dejar en claro a Mulán qué debe hacer o cómo debe lucir para ser alguien digna del amor de un hombre: “Debes ser muy cortés, calma, obediente, no des traspiés. Buenos modos  y la talla tres (…) Los hombres luchan para honrar a nuestro emperador, las chicas le han de dar sus hijos con amor”.

De esta manera, frente a una mujer débil, dulce, indefensa, pasiva, dominada y “femenina”, se nos presenta un hombre activo, fuerte, agresivo, dinámico y con roles cambiantes, que se constituye como el proveedor económico de la familia. Es decir, nos encontramos con ciertos mensajes cargados de contenido simbólico que legitiman ciertos estereotipos de género y descalifican a otros, que nos transmiten qué es lo que la sociedad espera de nosotras como mujeres, diferenciándonos lo “bueno” y “distinguido” de lo “malo” y “vulgar”.

“Nos encontramos con ciertos mensajes cargados de contenido simbólico que legitiman ciertos estereotipos de género y descalifican a otros”

La Cenicienta tampoco escapa a esta lógica al exponerse como una mujer sumisa y sometida a las injusticias de la vida por parte de envidiosas, crueles y competidoras mujeres que la odian por “ser más bella” que ellas. La salvación la hallará en su “príncipe azul” de clase alta, quién se enamora de ella meramente por su estética durante un baile planificado para “ofertar en el mercado” a todas las mujeres del reino y constituir una familia monogámica, heterosexual y patriarcal. Allí la mujer encaja perfecto para desarrollar su rol de madre, tal como expresa el padre del príncipe durante el baile: “Ay, no me entra en la cabeza, tiene que haber alguna que sea buena madre, ehh, digo, esposa.” En definitiva, Cenicienta estaba obteniendo el éxito por mantenerse callada, limpiar bien y preocuparse constantemente por su belleza física.

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En Aladdín, Jazmín no es la excepción: al manifestarse en contra de la idea de casarse con alguien sólo por obligación su padre le contesta: “Jazmín, no es sólo lo que dice esa ley, sabes bien que yo no voy a vivir para siempre y bueno…eh…quiero asegurarme de que alguien se ocupe de ti, de que alguien te proteja”.  Excluye así toda posibilidad de que las mujeres cuiden de ellas mismas y vivan una vida que no contemple el casamiento como destino final.

Siguiendo esta línea, en “El hombre unidimensional” Marcuse se pregunta: “¿Se puede realmente diferenciar entre los medios de comunicación de masas como instrumentos de información y diversión, y como medios de manipulación y adoctrinamiento?”.

En este sentido cabe cuestionarnos: ¿Qué modelo de mujer construyó Disney sobre nostrxs a través de sus “cuentos de hadas”? ¿Qué significados se encargó de transmitirnos? Posiblemente haya quedado resonando en nuestras mentes que debíamos ser sumisas, obedientes y delicadas. Que nuestro objetivo debía ser esperar encerradas en nuestras casas o castillos la llegada de nuestro hombre perfecto y protector, a quien conseguiríamos mediante la belleza física. Que nos mantendríamos asexuadas hasta encontrarlo. Que cuando “el amor de nuestras vidas” llegase renunciaríamos a todos nuestros planes de vida, dado que el mismo nos otorgaría la fuente máxima de felicidad y un “mundo ideal”. Que el verdadero amor sería heterosexual y monógamo y las mujeres, nuestras enemigas ya que nos envidiarían por nuestra belleza. Que debíamos ser delgadas y altas, y toda una serie de mandatos que se irían debilitando con el tiempo.

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Nos encontramos entonces ante la necesidad de deconstruir estos estereotipos y encasillamientos de género sumamente patriarcales y opresores, destacando otros sentidos y conductas alternativas que subsisten en los márgenes de los discursos dominantes con los que hemos crecido. Debemos abrir las puertas a la implementación de los medios de comunicación no sólo como constructores y reproductores de las desigualdades, sino también como espacios de resistencia en una sociedad que muchas veces se niega a la diversificación de identidades y de poder.

En definitiva, hoy le diríamos a Úrsula que nadie puede gozar de silenciarnos porque nuestras voces son lo más valioso que tenemos…

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