Fake News, al ataque

Por Mercedes Pappa

El periodismo siempre tuvo, valga la ironía, mala prensa. Ahora anda circulando por ahí que hoy cualquiera puede ser periodista. Aclaremos los tantos: contar con las herramientas no es suficiente para ejercer una profesión. Hay que saber usarlas. O sea: no me convierto en médica por tener un estetoscopio. Con la misma lógica, tampoco me convierto en periodista solo por tener un iPhone y poder editar un video con iMovie o redactar una reflexión en un blog o twittear un incidente que ocurrió en la esquina de mi casa y que todo eso se haga viral. Hace falta también un bagaje teórico. Debemos saber distinguir qué hechos pueden ser noticias y cuáles no vale la pena contar. Debemos hacer un tratamiento del contenido que se adecue al código ético de la sociedad. Debemos ser conscientes de que el lenguaje y las palabras que elijamos condicionan la interpretación del suceso. Y un millón de etcéteras más. Pero hoy más que nunca, debemos discernir qué de todo lo que circula es real y qué no, porque el periodista que reproduce un contenido erróneo o que contribuye a la desinformación está haciendo mal su trabajo. Y en la era digital, esa presión es un dolor de cabeza ineludible. 

“-Viste lo que le dijo Bill Gates a Macri???

-Qué cosa?

-Que solo iba a invertir en Argentina cuando liberen a Milagro Sala!!

-Me estás cargando??

-No! Mirá, hasta lo twitteó Aníbal Fernández!”

Aunque es ficticia, esta conversación bien podría haber sido un chat real de Whatsapp -aunque probablemente sin las tildes- el día en que esto se publicó en una nota humorística de Infobae. En este caso, la intención del autor no fue engañar a nadie. El error lo cometió el ex jefe de gabinete, quien creyó lo primero que vio y lo reprodujo en sus redes sociales. ¡Pasa por leer solo el título, Aníbal! La bajada de la columna (“Uno de los hombres más influyentes del mundo hizo una encendida defensa de los logros del gobierno anterior y puso como condición que vuelvan Guillermo Moreno y Axel Kicillof”) deja claro su tono irónico.

Analicemos la secuencia: hay un hecho, un periodista escribe al respecto, un político lo interpreta erróneamente y lo publica, miles de personas lo comparten con sus amigos virtuales. Así se crea una fake news (aunque este hilo de Twitter puede ser más explicativo). Esta vez, no hubo malas intenciones de por medio.

No se puede decir lo mismo sobre el twit que circuló en el último tiempo, en el que se veía una inmensa universidad de Brasil y el texto decía “el ranchito del hijo de Lula da Silva”. En este caso, una persona utiliza una imagen real, pero falsifica el contexto. El objetivo, podemos inferir, es profundizar la campaña en contra del ex presidente. En tiempos de polarización global, reforzar los pensamientos de algunas personas es una manera muy rápida de crear una fake news. Los humanos en todo el mundo desarrollamos una lealtad irracional a nuestras creencias, y solemos confiar en todas las noticias que las validen, y desacreditar las que no.

lula hijo casa

Existen también otros tipos de contenido que son fabricados especialmente para engañar a las audiencias. Por ejemplo, el pedido de aparición con vida de Santiago Maldonado en Londres, o la muerte de la actriz Julie Andrews, o que este invierno será el más frío de los últimos 15 años. Y es entonces cuando entra en juego el actor más famoso de estos tiempos: el algoritmo. Facebook y Twitter tienen un sistema por el que deciden qué mostrarle a cada usuario. Es decir, actúan como curadores del contenido, y ni siquiera toman responsabilidad editorial al hacerlo. Eso significa que lo que vemos en nuestras redes no es puro azar, sino que es aquello que coincide con nuestros propios intereses, o que está teniendo mucho éxito. Cuando una noticia está siendo muy compartida, el algoritmo va a mostrar esa noticia cada vez a más personas. Y así es como muchas veces, un titular muy llamativo que conduce a una noticia falsa es rápidamente propagado (y luego levantado por los grandes medios).

maldonado londres

Por supuesto que no faltan quienes se aprovechan de esto. Hay varias páginas que se dedican exclusivamente a publicar contenido falso. Con titulares bien gancheros, captan la atención de los usuarios, y poco a poco generan más tráfico. ¿El negocio? Cuantos más clics tenga la página, más ingresos ganarán por publicidad. Aunque sea difícil de creer, la información falsa se convirtió en una industria muy rentable a nivel global gracias a la facilidad con la que las redes sociales permiten distribuir cualquier contenido.

Así que, periodistas, estemos atentos. Con un celular en la mano, la intención de dividir las aguas y una plataforma como Facebook para publicar contenido sin ningún requisito previo, cualquier persona puede viralizar lo que se le ocurra. Sí, tal vez sea un logro a nivel de libertad de expresión. Pero ojo. La palabra “democratización” nunca resultó tan peligrosa -y engañosa-.

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