Un corcho y una botella: un invento

Por María Delfina Casali

Dos señores en una sala de espera aguardan al obstetra. La puerta del consultorio se abre y el médico los invita a pasar. Caminan haciéndose paso entre caras curiosas y entran. Uno de ellos saca de su maletín una botella de vidrio con un corcho adentro y una bolsa de plástico. Lentamente comienza a introducir la bolsita adentro de la botella, luego le da aire como si inflara un globo y empieza a tirar de la misma despacio. El médico observa en silencio y expectante. El corcho sale de adentro de la botella junto con la bolsa y cual mago que concluye con su truco y mira a su público atento, el hombre que acaba de realizar la demostración explica: “Creo que esto puede servir para facilitar el parto”.


Nace una idea

La primera vez que Jorge Odón vio el antiguo truco del corcho y la botella fue durante un asado con sus compañeros en su taller mecánico en Lanús, al sur del conurbano bonaerense. Él, vegetariano, miraba la escena un poco desde lejos hasta que escuchó que uno desafiaba a otro. “Te apuesto a que puedo sacar el corcho de adentro de la botella sin romperla”, dijo. Y entonces la bolsita y soplar y tirar lentamente hasta que el corcho saliera expulsado sin más. Tanto le había fascinado ese truco que, solo algunos días después, Jorge le hizo la misma apuesta a un amigo en una cena. Esa noche despertó a Marcela, su esposa, a las tres de la mañana y le dijo: “¿Viste lo del corcho y la botella? Puede servir para facilitar el parto”. Ella -completamente descolocada- se dio media vuelta y siguió durmiendo. Él no pudo dormir más.

Apenas se hizo de día llamó a Carlos, su amigo al que le había hecho la apuesta y su actual socio, y le contó su idea. “Vos sos mecánico, yo ingeniero… no entiendo”, le dijo. Necesitaban explicarle a alguien que entendiera del tema. Así fue que se dirigieron -con la botella, el corcho y la bolsita en el maletín- a visitar a un obstetra conocido. Al verlo, fue el primero que lo incentivó para que siguiera adelante. “Cuando creás algo que es inédito te sentís con la posibilidad de estar loco. Te ponés a pensar que esto [el truco] existe hace muchos años, que está en Internet. Entre tantos millones de personas, entre tantos médicos que hay, ¿por qué a mí?”, reflexiona Jorge.

“Cuando creás algo que es inédito te sentís con la posibilidad de estar loco”

Con viento a favor, se puso a trabajar sobre la idea. Primero jugaba con los frascos que tenía en su casa a modo de útero y con los muñecos de Yadira, su hija más chica. Sabía que necesitaba investigar y avanzar un poco más para después patentar su idea. Lo sabía porque ya lo había hecho antes: él ya tenía otras patentes de inventos relacionados con la mecánica. Pero, ¿qué tienen que ver los bebés con los autos? Nada. Sin embargo, Jorge -que no terminó la secundaria- destaca que su formación e ingenio provienen del taller. Gracias a su trabajo fue ganando la habilidad de encontrar soluciones; de inventarlas. A los 14 años dejó la escuela y empezó a trabajar en el taller mecánico de un italiano con quien se quedaba después de hora a inventar cosas. Jorge cree que convertirse en un inventor es para cualquiera: “Tenés que perder el miedo y saber que vos tenés la posibilidad. El ingenio y la perseverancia son los que te llevan a convertirte en un inventor o algo parecido”.

A prueba y error, un año y medio más tarde, Jorge hizo la primera patente del “Dispositivo Odón”. Fue por ese entonces que visitó a un amigo que, al escuchar sobre el nuevo invento en el que estaba trabajando, le recomendó que se pusiera en contacto con el CEMIC (Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas) y le brindó los contactos. Así llegó a quienes actualmente son los investigadores principales del proyecto, Javier Schvartzman y Hugo Krupitzki.

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Jorge Odón con su invento

“Tenés que perder el miedo y saber que vos tenés la posibilidad. El ingenio y la perseverancia son los que te llevan a convertirte en un inventor o algo parecido”

Poco tiempo después de que el dispositivo empezara a desarrollarse ahí, la Organización Mundial de la Salud arribó a la Argentina para realizar un congreso y el equipo pudo acceder a una reunión con las autoridades del organismo. La charla, que no debía durar más de 20 minutos, terminó extendiéndose a una hora. Al terminar los médicos festejaban y le decían a Jorge: “¡Es como que vaya Fangio a tu taller!”. Y sí. Solo quince días después Jorge emprendía viaje -financiado por la OMS- a Estados Unidos para hacer pruebas en simuladores. Los resultados de las mismas con las potenciales ventajas del dispositivo lo sorprenderían algunos días después arriba de un avión: reducción de cesáreas y fórceps, prevención de complicaciones en el parto como la muerte materna por hemorragia, desgarre o infección, sufrimiento fetal y la posibilidad de evitar la transmisión de enfermedades potencialmente mortales como el VIH a través del canal de parto. Jorge destaca que ese momento fue un antes y un después.

Con la OMS como principal apoyo y conociendo las potenciales ventajas comenzó un largo y burocrático camino de perfeccionamiento del dispositivo. Hace más de 10 años que Jorge trabaja, junto a su equipo, en el proyecto y aún falta para que se lance al mercado. Será en el 2019 y a cargo el laboratorio Becton & Dickinson, que fue el que licenció la patente en el 2013. Además, actualmente cuentan con el apoyo de la Fundación Bill y Melinda Gates.

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El Dispositivo Odón, en inglés “Odón device”

El inventor

Jorge Odón vive en Banfield, zona sur del conurbano bonaerense. Tiene 64 años y está casado desde los 27 con Marcela. Juntos tienen cinco hijos -tres varones y dos mujeres- y cinco nietos. Está convencido de que, si no fuese por su familia, él no hubiera llegado hasta donde está hoy. “Los fines de semana que yo me pasé acá adentro, no te das una idea”, dice señalando a la oficina que tiene en su casa. Cree que -salvando las enormes distancias- el invento es como un hijo porque te da la fuerza para afrontar las cosas de otra manera. “Cuando tenés un invento o un proyecto, tenés expectativas, ganas de levantarte. Nunca tenés que jubilarte”.

“Cuando tenés un invento o un proyecto, tenés expectativas, ganas de levantarte”

Trabajador empedernido. Destaca que le gusta el verano porque no estaba acostumbrado a ver el sol; su taller abría por la mañana y cerraba por la noche. Una tarde caminaba por Puerto Madero con Marcela y le dijo: “¿Vos te das cuenta de cómo nos cambió la vida?”. Y al contarlo reflexiona: “Yo nunca había disfrutado de esas cosas porque trabajé siempre”.

El dispositivo le dio la oportunidad de viajar por todo el mundo. Pero él no se desvive por eso, dice que cuando se va extraña mucho. Estar todo el día en un lugar desconocido y escuchar un idioma distinto no son cosas que lo atraigan demasiado. En ocasiones tiene la oportunidad de viajar con su familia, como cuando conoció al Papa Francisco. La gente del CEMIC se había puesto en contacto con él y como le interesó el proyecto, viajaron todos -los investigadores, Jorge y su familia- a conocerlo. “Fue un momento cúlmine, muy emotivo y único”, dice Jorge y cuenta que pudo regalarle un cuadro donde está el corcho y la botella, la secuencia de cómo trabaja el dispositivo y la frase “Dios ilumina nuestros sueños”.

A pesar de que cada viaje de trabajo no pueda hacerlo con su familia, hay alguien que siempre lo acompaña: Luna, la muñeca de su hija más chica con la que Jorge hace las demostraciones de cómo funciona el dispositivo. Al fin y al cabo, su familia está cerca. Siempre.

 

Las críticas

Si hay algo que nunca falta son los comentarios negativos. Es común encontrarse en las redes sociales con personas que creen que el Dispositivo Odón va en contra del parto respetado o que desestima la capacidad de las mujeres de parir de forma natural. Frente a esto, Jorge explica:

“Soy ovo-lacto-vegetariano y amigo de todo lo natural. Cuando yo veo la posición que utiliza el médico para tener al bebe, sé que no es normal. La mamá tiene que estar en cuclillas, eso es lo natural. “Hacé fuerza como para hacer pis y caca”, le dicen. Y esa no es la posición para hacerlo. (…) A quienes les gusta el parto natural, está perfecto, que lo tengan natural… pero que tengan el apoyo médico detrás. Si se complica, ¿qué pasa? Se murió la mujer y el bebé. Eso no es normal cuando tenés las posibilidades”.

Y prosigue: “Yo los respeto en serio… esto es una alternativa suave a lo que hay en el mercado como el fórceps o el vacuum, que tampoco hablo mal de esos dos… si duraron tanto tiempo es porque servían. El fórceps se usaba para romperle la cabeza al bebé y sacarlo primero, era para salvar a la mamá. El Dispositivo Odón acompaña, es un facilitador de partos. Vos lo querés tener natural, hacelo. Se complicó, te doy una mano”.

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Ilustración por Eugenia Braun

El futuro

Jorge no cree que el dispositivo sea “un sueño cumplido”, porque es algo que ni siquiera imaginaba. Como tampoco imaginó todos los logros que le dio: recibió el primer premio Producto Innovador (Innovar 2012), Medalla de Oro del IMPI al Mejor Inventor 2012 y fue finalista del certamen Saving Lives at Birth en 2011, donde obtuvo uno de los 19 premios. Llegó a la tapa del New York Times y la revista Fast Company lo puso en el puesto 17 del ranking “Most creative people 2014”.

Hoy sueña con que su invento finalmente llegue al mundo. “Deseo que todas las promesas que dicen los que saben -que va a salvar tantas vidas- se cumplan”.

Su historia conmueve porque es la muestra de que cualquiera puede tener una buena idea. La creatividad y la perseverancia serán, como dice Jorge, las que nos lleven a lugares inimaginables.

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