Cinco puntos clave para entender qué está pasando en el CONICET

Por María Delfina Casali

1. Qué es el Conicet

El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) es el principal organismo dedicado a la promoción de la ciencia y la tecnología en la Argentina. Fue creado el 5 de febrero de 1958 y su primer presidente fue Bernardo Houssay, premio Nobel de Fisiología y Medicina.

Su actividad se desarrolla en cuatro grandes áreas:
– Ciencias Agrarias, Ingeniería y de Materiales
– Ciencias Biológicas y de la Salud
– Ciencias Exactas y Naturales
– Ciencias Sociales y Humanidades

2. Cómo funciona

El CONICET es un organismo que funciona de forma autárquica, aunque se encuentra dentro de la órbita del Ministerio de Ciencia y Tecnología -creado en diciembre de 2007 por iniciativa de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y con Lino Barañao como ministro desde entonces-.

Posee un sistema jerárquico por el cual un recién graduado puede ingresar en concurso público para recibir una beca para doctorado y postdoctorado. Una vez finalizada, puede postularse para ingresar a la carrera de investigador en planta permanente, hasta su retiro o jubilación.

Según datos extraídos de Chequeado, entre 1989 y 1996 estuvo cerrado el ingreso de nuevos investigadores al Conicet, mientras que “desde la creación del Ministerio hubo una política activa de incorporación de investigadores y becarios”, afirma Pablo Kreimer, investigador principal del Conicet y doctor en Ciencia, Tecnología y Sociedad por el Centro STS, Francia.

A su vez, esto fue acompañado con un aumento de los sueldos entre 2007 y 2010, que venían muy retrasados. “Sin embargo, el salario de los investigadores en la Argentina es hoy el más bajo de América Latina: en países como México, Colombia, Chile, Brasil o Uruguay los salarios son entre el doble y el triple que en nuestro país”, explica Kreimer.

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Científicos del CONICET. Fotografía por InfoBaires 24

3. Qué cambió durante la gestión de Cambiemos

La gran mayoría de los gastos del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva se destinan, por un lado, al Conicet y en menor medida a la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE). En primera instancia -y sin realizar un análisis profundo-, podríamos decir que el presupuesto destinado a este ministerio aumentó en valores nominales (es decir, sin considerar la variación del nivel general de precios) durante el gobierno de Cambiemos: el último aprobado en la gestión de Cristina Fernández de Kirchner en el 2016 fue de $10 mil millones, mientras que el último presupuesto 2018 le otorga $19 mil millones.

Sin embargo, hay varias cuestiones para analizar que rebatirían esta primera impresión. En primer lugar, cabe destacar que en enero de 2016 la CONAE fue transferida del Ministerio de Planificación Federal de la Nación a la órbita del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva. Debido a esto, al momento de comparar los presupuestos de 2016 y 2018, hay que tener en cuenta que este último comprende más sectores que el primero.

A su vez, estos datos de ejecución presupuestaria no tienen en cuenta la inflación que hubo durante los dos últimos años. Según Chequeado, “si se tiene en cuenta la inflación, los fondos destinados a estos organismos y al Ministerio de Ciencia y Tecnología cayeron entre un 16% y un 9%”.

Por otro lado, como explica Fernando Peirano, “para entender cuántos recursos destinó el Estado a la Ciencia en general es preferible analizar la función ‘Ciencia y Técnica’ que no sólo incluye los montos que van hacia el Ministerio sino también incorpora a otros organismos que nuclean a gran parte de los investigadores del país”. Si se analiza la evolución en términos reales (es decir, siguiendo un mismo esquema de precios, por lo que los resultados no estarían afectados por la variación de los mismos) de la función “Ciencia y Técnica”, se observa un declive presupuestario durante los dos años de la Presidencia de Macri entre 2015 y 2017.

Por último, Martín Slipczuk y Miguel Szejnblum en su nota realizada para Chequeado y citada previamente, concluyen: “Si se tiene en cuenta el gasto ejecutado en cuanto a la Ciencia en relación con el gasto total estatal o el tamaño de la economía –PBI-, la relación empeoró bajo la gestión de Cambiemos si se tiene en cuenta el Ministerio de Ciencia y Tecnología y también cayó si se tiene en cuenta la función ‘Ciencia y Técnica’”.

4. Las consecuencias del cambio

Jorge M., Científico del CONICET y docente, considera que una de las tantas consecuencias del ajuste es el incumplimiento del Plan Argentina innovadora 2020. “Se dejó de cumplir al instante -por más de que está vigente- ya que contemplaba la ampliación de la planta de investigadores con una posición permanente. Hubo 500 investigadores que estaban recomendados para entrar y que no fueron incorporados. Ganaron el concurso y luego les dijeron que no había presupuesto para incorporarlos”, explica. Y añade que este año se abrieron muchísimas posiciones menos de las cuales probablemente no se cubran todas.

Otro de los grandes problemas que destaca es es que los subsidios que reciben -debido a la inflación- no les alcanzan. “Hacemos ciencia y tecnología y el lado de las ciencias duras que precisa de reactivos y equipamiento importado, servicios de publicación internacionales, entre otras cosas. Eso se licúa directamente”, aclara.

A su vez añade: “Uno de mis grandes miedos con este recorte es que se disfrace la cuestión de que antes entraba mucha gente que no lo merecía -lo cual es una falacia porque todos hemos pasado por sistemas muy rigurosos de selección y permanencia-. Ahora ellos [el Gobierno] dicen que va a haber menos plata, pero como habrá muchos menos investigadores se va a poder potenciar mucho y que van a tomar solo a los mejores. Están mintiendo y disfrazando de elitismo algo que en realidad, es clasismo. Porque si se pone un corte a partir del cual entran los 150 promedios más altos de todas las carreras universitarias del país que quieran dedicarse a la investigación, se va a hacer un sesgo de clase tremendo. Hay que considerar que es distinto el promedio con el que termina la carrera alguien que no necesita trabajar, o que puede trabajar part time y también es distinta la situación del que tiene unos padres que le pueden comprar todos los libros o alquilar una casa cerca de la facultad. Entonces, justamente, la gracia que tiene la universidad como movilizadora del ascenso social y como algo que permite diluir esas diferencias de clase que vienen de la cuna, ahora va a exacerbar las diferencias. Si los únicos que se van a poder dedicar a la investigación son los que tienen promedios más altos, te vas a quedar con una mayoría de gente que tuvo todas las facilidades y vas a dejar de lado a los que tuvieron dificultades, que después se pueden convertir en excelentes científicos”.

“La gracia que tiene la universidad como movilizadora del ascenso social y como algo que permite diluir esas diferencias de clase que vienen de la cuna, ahora va a exacerbar las diferencias”

Para Jorge el mayor problema es que en los años anteriores se despertaron un montón de vocaciones (por apertura de universidades, Tecnópolis, y por mostrar que había un futuro para la ciencia y la tecnología en Argentina) que no hallarán su lugar para hacer ciencia e investigación en el país. “De la mano de eso, vamos a tener una fuga de cerebros -no de licenciados, sino de doctores-. Es mucho más grave todavía, porque terminamos invirtiendo en por lo menos diez o doce años de formación universitaria y post-universitaria para que después ese recurso humano, que formamos con mucho esfuerzo y sacrificio, termine trabajando afuera y para otro Estado”, amplía.

mafalda y el extranjero
Mafalda, por Quino.

5. Por qué es importante que el Estado invierta en Ciencia y Tecnología

Jorge explica que el rol del estado como impulsor de la ciencia y la tecnología es fundamental, en primer lugar, porque así se tratan temáticas que al mercado no le interesan. Y ejemplifica:
“Tomemos el tema de las enfermedades huérfanas. Son enfermedades emergentes que están en pequeños focos endémicos, que las sufre la gente pobre y para las cuales ya existe algún tratamiento, pero es ineficaz y tiene efectos colaterales. Por ejemplo, la leishmaniasis: en 1912 se creó el tratamiento que aún hoy está vigente. Estamos tratando a argentinos y argentinas con medicación inventada en esa época. La única entidad que ha impulsado la investigación sobre nuevos enfoques para tratar esta enfermedad ha sido el Estado -y no el mercado- principalmente a través de programas y del Conicet. 
Es una mentira decir que el mercado va a absorber a todos los científicos y que va a permitir cubrir todas las temáticas”.

Y añade: “Por otro lado,  hay otra cara más de esto que es la ciencia básica (descubrir algo que en ese momento “no sirve para nada”, una propiedad nueva que al momento de su descubrimiento no tiene aplicación). El mercado no está interesado en esto porque necesita resultados rápidos. Pero los resultados rápidos se nutren de la investigación básica, que solo el estado la va a fomentar.  Las más grandes teorías y descubrimientos que se han hecho en el siglo 20, en un primer momento, no se sabía para qué servían y sin embargo, gracias a ellas, debemos la mayor parte de los avances tecnológicos que tenemos hoy en día”. 

Conicet
Fotografía por Motor económico

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