Violencia institucional, política de estado

Opinión por María Delfina Casali


Hay películas de terror tan reales que logran ponernos la piel de gallina. Nos estremecen, nos obligan a taparnos los ojos para dejar de ver el miedo tan de cerca y nos dan ganas de gritar. Por suerte todavía nos dan ganas de gritar. Lo que sucedió en la Villa 21 el domingo 27 de mayo a la madrugada no fue una película ficticia de terror, ¡pero cuánto se le parece!

Roque Azcurraire es fotógrafo de la Revista La Garganta Poderosa y denunció que el domingo fue secuestrado por la Prefectura. El asunto comenzó cuando su sobrino llegó a la casa corriendo desesperado y les contó a los presentes que un grupo de oficiales había golpeado en el colectivo a su hermano. Hasta acá, no hay nada nuevo: para lxs pibxs de las villas, el abuso de la policía es moneda corriente. Lxs vecinxs salieron a ver qué pasaba y entonces comenzaron los palos; arremetieron contra todxs. Roque buscó su cámara e intentó filmar el operativo ilegal de lxs efectivos que tuvo lugar frente a la casa de Iván Navarro. Él es quien sufrió golpes, amenazas y torturas la noche del 24 de septiembre de 2016 y se animó a contarlo durante el juicio oral contra seis agentes de Prefectura por su accionar en el mismo barrio.

Sin orden judicial, la Prefectura ingresó en la vivienda de Roque rompiendo la puerta a patadas, le pegaron a su cuñado, manosearon a su hermana y se lxs llevaron a lxs tres arrastradxs y detenidxs. Jamás se identificaron -cabe aclarar que es deber de todo oficial de “seguridad” hacerlo- ni les explicaron qué delito se les imputaba. En un texto difundido por la Revista, él cuenta que mientras a su hermana se la llevaron a pasear en patrullero por toda la villa sin decirle nada, a él y a su cuñado les pegaron, les tiraron gas pimienta en la cara mientras los burlaban y les dijeron atrocidades. “Callate, negro de mierda, que no pasa nada, es todo psicológico”, les decían. Finalmente, después de la tortura, se los llevaron a la Comisaría 30.

Ayer, lunes 28 fueron liberados. ¿Salió algún funcionario o político del gobierno a solidarizarse con el terrible momento que tuvieron que atravesar estas personas? No. ¿Apareció, acaso, la Ministra de Seguridad para pedir disculpas? No, para nada. Ni siquiera se hizo presente para que el corazón nos galope aún más fuerte de indignación al escucharla decir que “el beneficio de la duda siempre lo debe tener la fuerza de seguridad”. Los diarios más leídos del país, las radios más escuchadas y los canales más vistos de nuestra televisión, ¿hicieron eco de lo sucedido? La respuesta no sorprende, aunque debería: no hubo ni eco, ni susurro, ni murmullo…

Qué me voy a sorprender, entonces, de que pasen estas cosas. Si el periodismo ya no se pone los zapatos para caminar la calle y denunciar las injusticias, si quienes nos gobiernan montan un show de títeres por Twitter para divertirnos mientras afuera el país se prende fuego -mientras afuera al país lo prenden fuego-. Qué me voy a sorprender por esto, si quienes se supone que nos cuidan son, justamente, lxs que nos maltratan, nos desaparecen, nos borran del mapa, nos torturan, nos silencian, nos secuestran… Y digo “nos” aunque sin ser pobre ni negra ni villera porque a mí también me duele la injusticia y me hierve la sangre por el silencio de lxs poderosxs. No me sorprende, pero sí que me desgarra el alma entera.

El miedo todavía pica y seguirá erizando la piel quién sabe por cuánto tiempo más… Roque, su hermana, sus sobrinxs y sus vecinxs volverán a caminar por los pasillos de su Villa como todos los días, sabiendo que a cada paso ganado están venciendo a la muerte. Y claro, no es poca cosa: en un país de cuerpos desaparecidos y donde pareciera que la violencia institucional es política de estado, estar vivo y, aún más, gritar es un acto de resistencia.

Y cito las palabras de Roque:

“Yo no hice nada. O sí: luché, luché y voy a seguir luchando, para que nunca más ningún villero deba sufrir esta mierda. No tengo dudas que me pasa por pobre y me pasa por negro, pero también me pasa por no callarme la boca y por seguir abriendo La Garganta, para que nuestro grito retumbe por todos lados.

Porque sí, nos pueden encontrar muertos,
¡ pero nunca nos van a encontrar callados!

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