Eugenia Zicavo: “En el terreno del arte debe estar permitido todo”

Por Mercedes Pappa

Eugenia Zicavo es Doctora en Sociología, profesora en UBA y en UNTREF, periodista, conductora de Libroteca (Canal de la Ciudad) y de Bibliómanos (TV Pública) e hincha fanática de Boca Juniors.


La literatura históricamente fue considerada un espacio de hombres. Hace 200 años, las mujeres firmaban con seudónimos masculinos y publicaban muchos menos libros ¿Qué tanto cambió eso al día de hoy, en tiempos de revolución feminista?

Claramente hace varias décadas ya que las mujeres no están obligadas a firmar con seudónimos para ser publicadas. No obstante, sigue habiendo algunas estrategias de desmarcación de género. Por ejemplo J. K. Rowling, la autora de Harry Potter, firma con sus iniciales. Hay varias mujeres que lo hacen, como P.D. James. Han tenido esa estrategia para que no se supiera a priori su género. Pero ahí no está el problema hoy.

mujeres seudonimo masculino
Fuente: La piedra de sísifo

A mí me parece que es un momento muy bueno de la literatura escrita por mujeres, especialmente en la Argentina. Me di cuenta que como lectora, en los últimos 10 años, las cosas que más me interesan de literatura argentina contemporánea son escritas por mujeres. No porque yo tenga un especial sesgo ni con la literatura argentina, ni con la escrita por mujeres, pero casualmente algunos nombres que para mí son de lo mejor que se está publicando actualmente  son Fernanda García Lao, Gabriela Cabezón Cámara, Margarita García Robayo, Mariana Enríquez, Selva Amada. Es gente con una voz propia muy potente, con estilos muy reconocibles y que dan cuenta de problemáticas que atraviesan a las mujeres, pero no solo a las mujeres. No haría la distinción de ‘literatura para mujeres’ o que la literatura escrita por mujeres necesariamente dé cuenta de universos específicamente femeninos, porque ningún universo lo es.

¿Está todo permitido en la literatura? Hoy, ¿podría escribirse un libro como Lolita, o podemos seguir legitimando a autores como Michel Houellebecq, al que mucha gente acusa de misógino?

Yo esperaría que se pudiera escribir otro libro como Lolita, es una de mis novelas preferidas de la literatura toda. Creo que hay que distinguir entre lo que es el terreno del arte y de la ficción y el terreno de la realidad. Uno puede leer con mucho placer escrituras de ficción con personajes misóginos, con personajes pedófilos… Hay una novela bastante poco conocida de Julián Urman que a mí me gustó mucho cuando salió. Se llama Ravonne. Era la historia de un antiguo presentador de programas infantiles -como si fuera un Carlitos Balá- pedófilo. Después de haber cumplido condena, sigue suelto y sigue abusando a un niño que no solo es niño sino que además tiene problemas mentales. Es una novela tremenda, y sin embargo es brillante. Los peores horrores, las peores vejaciones, tengan que ver con niños, mujeres o con cualquier tipo de minorías, están permitidas en la literatura. Es como no leer a  Louis-Ferdinand Céline porque era nazi, o no leer a Jorge Luis Borges porque se dio la mano con Rafael Videla. Me parece que hay que distinguir por un lado quiénes son los autores, y por otro, las ficciones. En el terreno del arte me parece que debe estar permitido todo, sino la autocensura haría eso: que no existiera Lolita. Sería una verdadera pena.

A mí me gusta mucho una novela llamada El cuarteto de Alejandría, de la cual hablo mucho. Está compuesta por cuatro libros, y fue escrita por Lawrence Durrell. Hace poco, Claudia Piñeiro me escribió en un twit si sabía que el autor había abusado a su hija. Y yo no lo sabía, fue un dato que me impactó mucho y que resignifica buena parte de la novela porque una de sus protagonistas, Justine, fue abusada de niña. ¿Pero esa ficción deja de tener valor literario por esto? Por supuesto que no. Yo no dejaría de leer a Durrell, ni de ver las películas de los grandes directores que fueron acusados. Me parece que tiene que ir por lugares diferentes. Si cometieron delitos tienen que ser juzgados por ellos, y si escribieron obras maravillosas, su obra sobrevivirá como el buen arte que es.

Si vos tuvieras que aconsejar a una persona que se está adentrando en el feminismo y quiere profundizar sobre cuestiones de género, ¿qué libros le recomendarías? ¿Cuáles fueron los que te marcaron a vos?

A mí el que más me marcó fue El segundo sexo, de Simone de Beauvior. Es un libro enorme. Yo lo leí en la facultad, a los 20 ó 21 años, en el cuarto año de la carrera de Sociología en la UBA. Fue en una cátedra que se llamaba Teoría Feminista, que era muy pionera y era alternativa, no estaba dentro de la currícula obligatoria. Yo recuerdo mucho el capítulo dedicado a la madre, en el cual ella desacraliza la función materna y pone en primer plano las contradicciones que tiene. Si me das un momento, voy a mi biblioteca y te leo exactamente… Dice: “Lo mismo que a la enamorada, a la madre le encanta sentirse necesaria. La justifican las exigencias a las cuales responde, pero la dificultad y la grandeza del amor maternal radican en que no necesariamente implica reciprocidad. Por lo común, la maternidad es un extraño compromiso de narcisismo, de altruismo, de sueños, de sinceridad, de mala fe, de abnegación, de cinismo. Todo eso conviviendo”. Lo que hizo la autora en ese momento fue sacarle la versión edulcorada a la maternidad. Plantea que para muchas mujeres es una gran fuente de realización, y para muchas otras, es una gran carga. Lo escribe en un momento donde el mandato de maternidad estaba mucho más arraigado que ahora. Vivimos en sociedades pro natalistas.

Lo que recuerdo haber sentido al leerlo es un gran alivio: el de poder elegir no ser madre. Yo era muy chica y en ese momento no había pensado todavía si iba a tener o no hijos, pero presuponía que sí, porque tenía un muy lindo vínculo con mi mamá, porque ella era muy madraza… y además porque todas las mujeres que conocía en mi familia habían sido madres. Era como un destino obligado. Y cuando leí esto dije “ahhh, pero entonces yo puedo no ser madre si no quiero”. Fue muy reveladora esa lectura, y fue muy aliviante el permiso de un deseo que no era el compartido mayoritariamente por las mujeres. Hoy está mucho más habilitado ese discurso, pero en ese momento, no tanto. Y a mí el libro me sigue pareciendo lamentablemente en muchos aspectos muy vigente. Lo que se pregunta Simone de Beauvoir es en qué afecta en nuestra existencia el hecho de ser mujeres, qué oportunidades nos fueron dadas y cuáles nos fueron negadas. Por eso está la famosa frase de “ser mujer no se nace, se hace”. Porque hay una gran construcción social con respecto a qué es ser mujer, cuáles son los roles pretendidamente femeninos, cuál es la estética pretendidamente femenina. Es algo que hoy se está poniendo muy en discusión y las nuevas generaciones tienen mucho más claro que cualquier tarea y cualquier rol puede ser femenino. El universal masculino es el que está siendo cuestionado: el varón como medida de todas las cosas. Por eso, la autora plantea que la mujer fue ‘lo otro de’, aquello que no era la norma, que hasta el momento viene siendo la masculina. Me parece una lectura muy accesible. 

En el programa de Jimmy Kimmel hicieron el experimento de preguntar a los ciudadanos en la calle si podían nombrar cualquier libro que conocieran, no necesariamente que hubieran leído. Muchos no pudieron responder ¿Creés que es cierto esto de que los jóvenes leemos cada vez menos?

Yo no tengo acceso a encuestas de lectura recientes para responder eso con números fehacientes. Mi impresión es que la lectura sigue conviviendo con otros hábitos de consumo cultural, como las series, el cine… así como la televisión fue perdiendo lugar a favor del consumo audiovisual por Internet. En Libroteca hay una sección que se llama Chicos que leen, en la que yo durante 4 años entrevisté a niños de entre 7 y 12 años. Y vi todo un universo de literatura infantil y juvenil muy rico y muy vivo, con publicaciones cada vez más interesantes que se meten con temáticas que a priori no hubieran sido para niños en otros momentos. Con una preeminencia de la ilustración, con unos lenguajes que incorporan el modo de escritura de las redes o de los chats… y creo que hay muchísimos niños lectores. Lo ves también en las Ferias del Libro, en los números que maneja la literatura infantil y juvenil, que muchas veces son los que pagan las cuentas de las editoriales.

A mí me gusta desacralizar la lectura, y me parece que los chicos que se acercan desde niños a los libros la tienen muy desacralizada. No es algo particularmente especial: cierran un libro y prenden YouTube. Miran booktubers, hay chicos que suben videos sobre libros en Instagram. Hay diversas tribus juveniles que se acercan a la literatura. Harry Potter fue un gran fenómeno que acercó a muchísimos niños y adolescentes a la literatura. No sería apocalíptica con eso, creo que la lectura es una narrativa que siempre va a estar vigente porque la capacidad de imaginar a partir de las palabras es un ejercicio que si te gustó en algún momento, vas a querer reproducir.

¿Y cómo cambia nuestra experiencia de lectura hoy, cuando hay cuentas de Instagram dedicadas a recomendar libros, booktubers, podcast como el que vos misma hiciste?

Te da la posibilidad de comentar la lectura con otros lectores, que es algo que nos gusta mucho hacer… pero como también nos gusta comentar el último capítulo de Game of Thrones a quienes la seguimos. Solo que se presupondría que son menos las personas que están leyendo un libro al mismo momento, e Internet da cuenta de que no es así. Y es el lugar donde se puede conversar con esos pares lectores.

Cambia la experiencia en el sentido de que las pantallas  y las redes sociales ocupan buena parte de nuestro tiempo. Pero también depende de a quién sigamos: yo muchas veces llego a libros por recomendaciones de amigos lectores o de colegas críticos literarios en las redes. Con lo cual es una vía de distracción pero también una vía de acceso a la información. Ni hablar del acceso a las obras que están subidas en Internet si uno tiene libros electrónicos. Uno tiene acceso a la literatura del mundo, lo cual es muy democratizador. Yo veo como algo muy positivo el acceso a  los bienes culturales gratuitos en Internet.

¿Por qué suele asociarse la literatura con algo intelectual o solemne y no se la considera un consumo más de entretenimiento?

No lo sé. Arriesgo una hipótesis: puede tener que ver con la escolarización, con la obligación de leer en el colegio y con ciertas pedagogías que no terminan de funcionar. Yo creo que el período en el que menos leí en mi vida fue en el secundario. Solo leí los que me mandaban obligatoriamente en el colegio, y lo hacía medio a desgano. Cuando se acabó la obligación, volví a reconciliarme con la lectura. Puede tener que ver con programas que no están del todo aggiornados… yo leí El siglo de oro en español a los 16 años. No hay nada más embolante. Me hubiera gustado leer a Sergio Olguín, o a Leo Oyola, a ficciones que tuvieran más que ver con universos propios.

Martín Kohan en una entrevista me dijo algo que me quedó muy presente: los padres dicen que está bueno que sus hijos lean, pero cuando tienen un hijo de verdad lector, empiezan a preocuparse, porque la lectura es una actividad individual, que requiere aislamiento. Y cuando ven que un niño está horas y horas metido en un libro, se preguntan por qué no está jugando con los amigos… Hay como un doble mandato ahí, como si la lectura no fuera compatible con la sociabilidad. No me pareció una hipótesis tan alocada. Los padres no van diciendo por ahí que hay que ver cine, series, o televisión, pero sí dicen que hay que leer. Ahora bien, si ellos leen y un niño ve un hábito de lectura en su casa, lo va a incorporar como prender la tele, y no va a tener nada de pos intelectual. Va a ser uno de los entretenimientos más posibles en la casa.

Mi madre era una gran lectora y muchas veces me decía ‘Euge, ahora no vamos a hablar porque estoy leyendo’. Entonces, ¿qué hacía yo en ese momento? Agarraba otro libro para imitarla. Me parece que tiene que ver con encontrar ese gusto. Y también: no a todo el mundo le gusta el cine, no a todo el mundo le gusta el fútbol, y no a todo el mundo le tiene que gustar la lectura. Creo que si en algún momento encontraste un libro que te conmovió, vas a querer repetir la experiencia.

¿Autor preferido y libro preferido?

Libro: El cuarteto de Alejandría, de Lawrence Durrell. 

Autor preferido… son muchos. Tengo que ponerme clásica: Franz Kafka, Edgar Allan Poe, Raymond Carver. En mi estante de autores preferidos también están Alessandro Baricco, Kurt Vonnegut, Anaïs Nin, Charles Bukowski, y algunos más. 

¿Cómo tenés ordenada tu biblioteca?

Por nacionalidad de los autores. Por un lado, literatura argentina, después latinoamericana y después española. En el medio de eso hay literatura irlandesa, norteamericana, francesa, italiana, un poco de ciencia ficción y después ensayos y sociología, los libros que leí para mi tesis de doctorado, y periodismo y crónicas.

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