Revolucionades

 

Por Mercedes Pappa

La revolución empezó desde abajo: en las redes, proliferaron los posteos dirigidos a “amigxs” o “compañer@s”. En los colegios, se impusieron los buzos de “egresades”. En las aulas, algunos profesores se animaron al “todes”. De repente, el lenguaje inclusivo escaló a la televisión local, a la política, al debate público e incluso a Netflix. Ante la perspectiva del cambio nacieron las resistencias: desde las tribunas más conservadoras, se machaca contra esta “aberración de la lengua”. Y es entonces cuando surgen las inquietudes: ¿qué pasará con el lenguaje inclusivo? ¿Hasta dónde llegará lo que algunos consideran una moda burda, y otros, una adaptación natural a una nueva forma de concebir el mundo? ¿El lenguaje refleja la realidad o influye en ella? Cualquiera sea la mirada, ¿para qué sirve -si es que sirve de algo- modificarlo?

E14EE2DC-5F3C-404F-B0AA-C257BF7CABB2
Ilustración por Eugenia Braun

Muchos colectivos feministas aseguran que el lenguaje es sexista. Karina Galperin, Doctora en Lenguas por la Universidad de Harvard, aclara que “la lengua siempre expresa los valores o tipos de relaciones de los individuos de una sociedad.” Esto significa que si bien el lenguaje no puede ser sexista -porque solo las personas lo son-, sí que refleja muchas maneras de relacionarnos que en la práctica estamos cambiando. Silvia Ramírez Gelbes, Doctora en Lingüística y profesora de la Universidad de San Andrés, explica que “los hombres y las mujeres han sido ubicados ideológicamente en lugares distintos. El hombre tiene un espacio ganado en el ámbito público y la mujer, no.” Esto puede verse plasmado de distintas maneras en la lengua. Por ejemplo, en el hecho de que cuando se llama a una persona por el apellido, el destinatario naturalmente piensa que su interlocutor se refiere a un hombre. Por eso muchos deben leer esta frase más de una vez para comprenderla: ‘Gutiérrez tiene un hermano, pero el hermano de Gutiérrez nunca tuvo un hermano’.

¿Qué es lo que motiva el surgimiento de estas nuevas formas de nombrar? En español y en muchas otras lenguas, el masculino se usa como el genérico para referirse a hombres y mujeres. Galperin reflexiona: “Nuestra época no está contenta con eso por razones ideológicas, pero también por razones prácticas. Hoy, en un mundo donde las mujeres y los hombres comparten mucho más que en cualquier otro momento de la historia (lugares de trabajo, de estudio, etc.) es más confuso…” La experta asegura que hay muchas profesiones en las que se usa el genérico masculino porque la entrada de las mujeres en esas disciplinas se dio hace 30 años, mientras que la lengua tiene ocho siglos. “Más que ideología, hay inercia de nombrar algo que siempre fue para varones”, aclara. Sin embargo,  ante la consulta de Gritalo Vos sobre la necesidad de que la lengua se adapte a los cambios en el habla, la RAE respondió: “El cambio lingüístico, a nivel gramatical, no se produce nunca por decisión o imposición de ningún colectivo de hablantes; es fruto de la evolución del sistema a lo largo del tiempo”. Galperin, de todas maneras, dice que “las academias no pueden proponer nada, porque es un tipo de cambio espontáneo, y hay un darwinismo: quedará la opción que solucione más problemas y genere menos inconvenientes.”

Muchos detractores del lenguaje no sexista lo critican por considerar que modificar la lengua no transformará la situación de desigualdad entre los sexos. Gelbes comenta que la RAE -y uno de los gramáticos más importantes de la lengua española, Ignacio Bosque- sostiene que la visibilización de la mujer va por otro lado. Luego opina: “Yo diría que va por todos. No es solo discursivo, pero lo discursivo objetiva y le saca la obviedad a lo que parece obvio”. Quienes se oponen a estos cambios aducen que el lenguaje no va a cambiar nada y que hay demandas mucho más urgentes que atender. Y Galperin no los contradice, pero afirma: “El lenguaje está detrás de la sociedad. Le estamos pidiendo simplemente que refleje la situación actual, no que modifique algo. Al mismo tiempo, que el lenguaje cambie la manera de concebir la relación entre los sexos va a contribuir a asentar algo que cambió en la práctica, pero a lo que aún la sociedad debe ajustarse mentalmente”.

Pero los señores de la lejana RAE no son los únicos que se oponen: incluso algunos pensadores progresistas son reacios. Gelbes considera que  esto sucede porque es muy difícil cambiar el hábito. “Los cambios lingüísticos llevan centenas de años. Y aún más cuando se trata de una cuestión formal”, expresa. Y es que el lenguaje inclusivo no propone algo sencillo como agregar una nueva palabra a nuestro vocabulario. De hecho, varios admitieron la incorporación de “almóndiga” en el diccionario español sin chistar. El desafío es modificar una cuestión morfológica que es propia del español desde sus inicios. Hacer un cambio así, explica la experta, no solo genera una resistencia de tipo política que surge de parte de los opositores a la ‘ideología de género’, sino que también choca con una resistencia propia de todos los hablantes: ¿cómo vamos a cambiar la lengua que aprendimos desde el momento en que nacimos? Karina Galperin reconoce otros factores: “La gente letrada y educada es muy conservadora en la lengua. En Argentina hay además un fenómeno particular que es que mucha gente asocia eso al kirchnerismo, lo cual es curioso. También es cierto que muchas mujeres son muy beligerantes en esa propuesta y tal vez eso genere mayor resistencia”.

Galperin cree que el cambio no es inminente, pero es seguro y es global. Explica que el proceso será molesto para las personas que se niegan a aplicar el lenguaje inclusivo pero que finalmente “la innovación se convertirá en regla” y llegará un día en el que nadie se incomodará al escuchar “todes”. Gelbes tiene sus dudas. Según ella, el lenguaje inclusivo solo se está usando en ciertos ámbitos como el universitario, e incluso cree que se trata de un fenómeno más usual en la Capital Federal que en el resto del país. “A mí me gusta este comportamiento consciente de apropiación de la lengua, pero no es tan universal como creemos quienes nos leemos entre nosotros”, dice. Que cada quien haga sus apuestas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s