Radfems: tres claves para entender el feminismo radical

Por Mariana Caramuti

No hay dudas de que 2018 fue un gran año para el fortalecimiento del movimiento feminista. A raíz de distintos logros -como la media sanción al proyecto de legalización del aborto o la reciente aprobación de la comercialización del misoprostol por parte de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT)-, hoy el feminismo ocupa un lugar innegable dentro del imaginario social argentino.

Sin embargo, nadie advertiría que incluso entre las propias feministas todavía no hay debates del todo cerrados, sobre todo con el resurgimiento del feminismo radical.  Basta con buscar el término “radfem -expresión común para definir a las feministas radicales- en Twitter para ver algunas muestras del lío que se armó tras la reaparición de esta rama del movimiento de mujeres:

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Pero, ¿qué es el feminismo radical propiamente dicho?

Según la escritora chilena y feminista radical Andrea Franulic, el feminismo radical propone una crítica al patriarcado desde sus raíces En ese sentido, las radfems plantean “ir a los cimientos del patriarcado para desmontarlo desde la profundidad“, porque según Franulic, esto significa “analizar rigurosamente todas sus instituciones de base: heterosexualidad obligatoria, maternidad, pareja monogámica, familia consagrada, etc”.

Aunque los twits parecen espantar a todo aquel que desconozca el feminismo radical, sería ingenuo limitarnos a creer que la ideología de las radfem se puede resumir en los 280 caractéres de Twitter. Movimientos sociales como el peronismo o la izquierda se han ido fragmentando a lo largo del tiempo, a tal punto de que hoy existen tantos peronismos e izquierdas como tantos dedos tienen nuestras manos. Y el feminismo no está muy lejos de esa realidad, pero aun no llegó a tal grado de división interna. Si bien en la historia existieron tres olas del feminismo -y todas con sus propias características-, trataremos de explicar de qué se trata el feminismo radical como una rama del movimiento feminista a partir de tres claves que dejan en claro la postura de las radfem ante los temas que interpelan al feminismo en general:

  1. Su origen.
  2. El género y la sexualidad.
  3. La prostitución.

1) El origen de las radfem

Antes de hablar de la historia de las feministas radicales, es preciso saber lo mínimo y necesario acerca de la historia del feminismo en sí. Hablar de esas tres olas feministas que se dieron a lo largo del tiempo y ver en qué contexto se dieron. Para eso, rescatamos de YouTube un video que resume la historia del feminismo en 10 minutos, basado en una investigación de la autora española Nuria Varela:

Si bien en este video solo se habla de la historia del feminismo en general, hay algunos detalles que se omiten que explican el origen de las radfem y que aun hoy determinan sus características. Si queremos hablar de los antecedentes del feminismo radical, debemos remontarnos por lo menos hasta el siglo XIX.

En “Feminismo para principiantes” de Nuria Varela, se menciona a la comunista rusa Alejandra Kollontai como una antecesora directa de las ideas del feminismo radical. Según lo que cuenta Varela, Kollontai abrió en 1907 el primer Círculo de Obreras y al año
siguiente tuvo que huir de Rusia. Pero luego de la Revolución Rusa, regresó a su país natal y ocupó un cargo en el gobierno de Lenin, siendo la primera mujer en ocupar un cargo político en el mundo.

Varela afirma que lo novedoso de esta mujer no fue su postura como comunista, sino como una comunista feminista, cosa que marcaría en un futuro a las ideas del feminismo radical:

“Lo más significativo de su discurso fue hacer suya la idea de Marx de que para construir un mundo mejor, además de cambiar la economía, tenía que surgir el hombre nuevo. Así, defendió el amor libre, igual salario para las mujeres, la legalización del aborto y la socialización del trabajo doméstico y del cuidado de los niños, pero, sobre todo, señaló la necesidad de cambiar la vida íntima y sexual de las mujeres. Para Kollontai, era necesaria la mujer nueva que, además de independiente económicamente, también tenía que serlo psicológica y sentimentalmente” (Varela, 2008, pp. 62).

No obstante, hasta la década del ’60 no se puede hablar propiamente de la existencia de un feminismo radical. Este movimiento tendría su origen en ese momento del siglo XX, sobre todo en Estados Unidos cuando distintos movimientos sociales empezaron a surgir, como los grupos antirracistas, estudiantiles y pacifistas. Según la filósofa Ana de Miguel, las radfem surgen en un contexto de impaciencia tras ver que las anteriores olas del feminismo no habían logrado revertir la opresión machista:

“Puesto que el hombre nuevo se hacía esperar demasiado, la mujer nueva —de la que tanto hablaba Kollontai a principios de siglo— optó por tomar las riendas. La primera decisión política del feminismo fue la de organizarse de forma autónoma, separarse de los varones. Así se constituyó el Movimiento de Liberación de la Mujer” (Varela, 2008, pp. 84).

Aquí remarcamos al Movimiento de Liberación de la Mujer porque cumplió un papel clave como grupo feminista radical. Las mujeres organizadas en este grupo se vieron influenciadas por las dos grandes obras que nutrieron de valor teórico al feminismo radical: “Política sexual” de Kate Millet, y “La dialéctica del sexo” de Shulamith Firestone. Según el análisis que realiza Varela, ambas autoras “definieron conceptos fundamentales para el análisis feminista como el de patriarcado, género y casta sexual”.

Así, el Movimiento de Liberación de la Mujer se fue expandiendo en todo el mundo, y realizó una serie de aportes al movimiento feminista en general. En principio, según Franulic, las radfem “aportaron con la teoría feminista fundamental, en el sentido de que esta permite develar a la civilización patriarcal desde sus fundamentos. Lo ha hecho sobre todo en cuanto a las instituciones y sus estratagemas, es decir, develándolo como un orden social y sacando a la luz sus mecanismos de poder.

Además, el feminismo radical otorgó una característica esencial al movimiento de mujeres, que es la realización de grandes protestas públicas:

“El primer acto que convirtió el Movimiento de Liberación de la Mujer en noticia en Estados Unidos fue en septiembre de 1968, cuando un grupo radical realizó una marcha de protesta contra la celebración del concurso de Miss América. En la manifestación contra la presentación de la mujer como objeto sexual estereotipado, las feministas tiraron cosméticos, zapatos de tacón alto y sujetadores en lo que llamaban un «basurero de la libertad». Querían romper con el tradicional modelo de feminidad y reivindicar la diversidad de las mujeres y de sus cuerpos” (Varela, 2008, pp. 86).

Según Donna Ferguson, al menos 4000 hombres, mujeres y niñxs marcharon el 6 de marzo de 1971 desde Hyde Park hasta Trafalgar Square en la primera movilización para la liberación de la mujer en Inglaterra. Fuente: The Guardian

Finalmente, las feministas radicales retomaron las ideas de Kollontai al replantearse la explotación de las mujeres no solo por el capitalismo sino también por el sistema patriarcal. En ese sentido, capitalismo y patriarcado van de la mano, causando que la mujer sufra una opresión mayor a la del hombre trabajador. Por esa razón, las radfem consideran que es necesario acabar con ambos sistemas para erradicar la opresión a la mujer. Para probar este punto, Varela cita a Milett:

 “Aunque las reformas (laborales) beneficiaron por igual a los hombres, las mujeres y los niños, los varones fueron los únicos favorecidos por el movimiento sindicalista. Los sindicatos eran, para la mujer asalariada, una necesidad mucho más apremiante
que el voto. Sin embargo, el movimiento sindicalista demostró (y sigue demostrando) un interés ínfimo por ella. Por ello, las mujeres representaban una mano de obra desorganizada y escandalosamente barata, a la que se podía explotar con mayor facilidad que a los hombres, y despedir, dejar en paro o denegar
trabajo siempre que resultase conveniente” (Varela, 2008, pp. 92).

2) El género y las identidades sexuales según el feminismo radical

En el punto 4 del manifiesto de las Feministas Radicales Independientes de Argentina (FRIA), se estipula que las radfem entienden al género “no como una identidad sino como la opresión que la sociedad impone en virtud de la diferencia sexual”. Por este motivo, las feministas radicales buscan abolir géneros y no “meramente a multiplicarlos”. En este sentido, esta agrupación afirma que esta cuestión no debe ser abordada desde una perspectiva individual sino más bien social, cambiando las prácticas y conceptos que se tengan en torno al tema, y que no solo esos cambios se atengan a “re-acomodamientos personales”.

Siguiendo con esta línea polémica en el pensamiento radfem, el primer punto del manifiesto de FRIAS expresa que “el feminismo es un movimiento de mujeres para mujeres porque seguimos siendo un grupo oprimido y nuestras reivindicaciones están aún lejos de ser alcanzadas” y que por ser siempre definidas por ser no-hombres, rechazan que también sean definidas “en contraposición a otras identidades”. Además, este punto del manifiesto finaliza diciendo: “Rechazamos la imposición de la etiqueta de “CIS” mujeres y el borramiento que sobre las mujeres realizan expresiones como “personas gestantes” o “vientres de alquiler”.

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Esta postura quizás se explique a partir de la caracterización que Varela hizo del feminismo radical en sus orígenes:

“Lo que había sido la fuerza del feminismo radical fue también causa de
su desaparición. Éste se basaba en la hermandad o sororidad de todas las mujeres (…). Pero ese afán de unidad no se pudo mantener en cuanto entraron en cuestión diferencias como las ya mencionadas de raza, religión u opción sexual” (Varela, 2008, pp. 94).

Es por esta razón que quizás en la biblioteca de las feministas radicales no exista material disponible para leer acerca de los géneros y las identidades sexuales diversas. Como da a entender el manifiesto de FRIAS, las radfem rechazan que se las etiquete con identidades derivadas del mundo LGBTI+, así como también siempre estarán del lado de la lucha de las mujeres y preferirán que las otras minorías continúen con sus reclamos “siempre y cuando nuestros intereses no estén en oposición”. En el caso de que eso sucediera, las feministas radicales se posicionarían automáticamente “a favor de los intereses, derechos y necesidades de las mujeres” porque:

“Las mujeres merecemos y necesitamos espacios exclusivos, al igual que todo grupo o minoría oprimida (el movimiento LGBTI+, las personas afrodescendientes, las personas con discapacidades, etc.), para abordar nuestras problemáticas específicas”.

Franulic adhiere a la postura de FRIAS, considerando que toda minoría que vaya en contra de los intereses de las mujeres, no tendrá posibilidad de consenso con las feministas radicales. Para dar un ejemplo, la escritora chilena señala a las trans y travestis que abogan por la legalización de la prostitución -tema del cual ya hablaremos en la nota-: “Si la comunidad transgénero y travesti está luchando para que la prostitución sea tratada como si fuese un trabajo, pues entonces camina en el sentido opuesto de los deseos e intereses de las mujeres que están comprometidas con el abolicionismo, y en eso no hay nada que transar”.

3) ¿Qué piensan las radfem de la prostitución?

El feminismo radical reniega de que existan mujeres que ejerzan la prostitución o que se dediquen a la creación de contenidos pornográficos. En el caso de la prostitución, existen dos ejemplos de radfems que sostienen que las prostitutas -o trabajadoras sexuales-, terminan convirtiéndose en un objeto de consumo que se puede adquirir de forma natural. Tan natural como ir al chino y comprar unas galletitas porque tenemos la necesidad de satisfacer nuestro hambre. En el primer ejemplo citaremos a Ana de Miguel:

“Existe una ideología, un conjunto de ideas que podemos denominar la
ideología de la prostitución. Son un conjunto de definiciones favorables
a que los hombres vayan con mujeres prostituidas. Y a que las mujeres
lo acepten, “hagan la vista gorda” o declaren que no les importa. Esta
ideología sostiene, por un lado, que los hombres tienen derecho a
satisfacer sus necesidades sexuales. Por otro, que la sociedad tiene
que proporcionarles, de una u otra forma, un mercado de mujeres para
satisfacer esas necesidades” (De Miguel Álvarez, 2012, pp. 9).

Ana de Miguel sugiere que las prostitutas son, en nuestro caso, las galletitas, y los hombres, los que van al chino a comprarlas para satisfacer su hambre. Frente a esta problemática, existen dos posturas: la regulacionista y la abolicionista.

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Como segundo ejemplo de la posición de las radfem frente a la prostitución, está Alika Kinan. Sin ir más lejos, ella es sobreviviente de una red de trata que logró encarcelar a sus proxenetas y condenar al Estado, obligándolo a que la indemnizara por los daños causados a su persona. En su perfil de Twitter, Alika tiene fijada esta publicación:

En una entrevista a La Vanguardia, Alika argumentó su postura abolicionista ofreciendo información acerca de Alemania y Holanda, países que han legalizado la prostitución para beneficiar a las “trabajadoras sexuales” pero cuya reglamentación terminó generando lo contrario, con los índices de trata en alza:

“Si estos países que son más avanzados fracasaron en las políticas reglamentaristas que aplicaron para poder controlar la trata y los proxenetas se convirtieron en empresarios, ¿qué esperamos que suceda para la Argentina donde el propio Estado es proxeneta de las mujeres? Por ejemplo, si una persona abre un comercio y contrata a diez personas donde cuatro son contratados y están blanqueados y los otros seis trabajan en negro, entonces ¿qué esperamos que pase con las putas?”.

Por otra parte -y habiéndolo vivido en carne propia-, Alika afirmó que la reglamentación de la prostitución es inviable una vez dentro del prostíbulo:

“No hay mujeres con derechos adentro de un prostíbulo. Cuando un hombre se te acerca, se golpea el bolsillo lleno de plata y te dice ‘nena, mira lo que te traje’ y te hace lo que quiere. No es como dice la AMMAR -Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina- que las mujeres manejan la situación. La realidad es que cuando ingresás a una pieza tenés que obedecer lo que el tipo te están diciendo porque ya pagó“.


Al final de cuentas, el feminismo radical demuestra que es una rama del feminismo con sus propias bases, sus propias autoras y sus propios argumentos. Hoy en día las radfem están organizadas -como pasa con FRIA- o en vías de organizarse -como en el caso de RadAr, Feministas Radicales de Argentina-. Si bien algunas de sus opiniones y posturas son controversiales, es indudable que cuentan con todos los medios para crecer dentro del movimiento de mujeres.

Aun así, lo irónico es que si quieren ser conseguir esto, deberán correr la misma suerte que las minorías, a quienes ellas “aprecian” pero que prefieren que luchen por su cuenta, y no todos unidos en un mismo frente. Quizás si las radfem y las otras minorías luchasen juntos, se ahorrarían muchos dolores de cabeza. Pero si ellas quieren batallar al patriarcado por su cuenta, es su decisión.

2 Comments

  1. No estoy de acuerdo con el uso de la palabra “logros” (que indica una victoria que no es tal). No estoy de acuerdo con que las mujeres seamos equiparadas a las minorías porque no lo somos. Estadísticamente somos mayoría en casi todo el planeta. También me hubiera gustado fuentes contrastadas en el artículo, que es por cierto un gran aporte, pero que necesita revisión.

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  2. En serio ese es el cierre?
    Que falta de respeto para las Mujeres.
    Increíble que entiendan QUE NO SOMOS MINORÍA, somos más de la mitad de la población y no necesitamos tranzar con ningún otro sujeto político en aras de exigir y luchar por lo legítimamente nuestro, como, básicamente, existir.

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