Tiempos difíciles: ¿cuál es la situación actual del periodismo argentino?

Por Mercedes Pappa

Eduardo Blaustein, Natalia Concina, Nicolás García Recoaro y Ailín Bullentini estuvieron en el Centro Cultural Kirchner el sábado 2 de noviembre y expusieron acerca de “Cómo narrar en la precarización”, en el marco del Festival Basado en Hechos Reales.


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El 26 de junio Natalia Concina estaba escribiendo un cable sobre el primer partido de la Selección en el Mundial de Rusia cuando sonó el teléfono: querían avisarle que pronto le llegaría un telegrama de despido. Lo mismo sucedió con otros 353 periodistas de la agencia de noticias Télam que no tuvieron a quién recurrir para pedir explicaciones porque ninguna autoridad se presentó a darlas -aunque más tarde sabrían que el motivo en algunos casos había sido la extrema “ideologización” o la falta de preparación profesional-. Al rato, otro grupo de trabajadores recibió un mail en el que se les daba la bienvenida a “la nueva agencia Télam, más plural y más diversa”. La decisión de un paro indeterminado y de la ocupación pacífica de las dos sedes de la agencia fue inmediata.

En diciembre de 2015, los empleados de Tiempo Argentino dejaron de cobrar sus sueldos cuando el empresario Mariano Martínez Rojas compró el diario a Grupo 23. Nicolás García Recoaro recuerda con tristeza las noches que pasó en la redacción junto a sus compañeros leyendo libros para matar el tiempo -como De piedras y cicatrices, de Pedro Lemebel-. El 24 de marzo de 2016, aún sin haber cobrado lo que les debían, algunos trabajadores se organizaron para lanzar una edición especial por el aniversario de la última dictadura: ese fue el comienzo de una cooperativa que se mantiene a pulmón gracias al esfuerzo de sus 100 periodistas.  

Ailín Bullentini trabaja en Página 12 desde hace casi diez años, y su batalla todos los días como periodista en este medio es “ganarle a la desidia y al maltrato”. El reclamo es colectivo: el 19 de septiembre, por primera vez en 30 años, Página 12 no salió a la calle porque los empleados realizaron un paro para que se les pagara el aumento salarial que se había acordado. Paula Sabatés es delegada gremial hace seis meses. Tiempo atrás se enfrentó con uno de los gerentes del diario: él le decía que el contenido del medio era cada vez peor, que las notas estaban mal escritas y las fotos, mal sacadas. Ella, con paciencia, trataba de explicarle que era posible que se trabajara a desgano pero que eso no podía escindirse del hecho de que muchos de los empleados no cobraban sus sueldos hacía tiempo, y de que las condiciones laborales eran muy desfavorables. Él le preguntó -como si importara- cuántos años tenía. Ella le contestó -como muchas otras veces- que 27. Él le dijo que entonces, con esa edad, ella debía responderle que aunque no le pagaran, haría la mejor nota del mundo para destacarse en Página 12.

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Comunicado de la Comisión Interna de Página 12

La problemática no es nueva y, menos que menos, local: en la radio LT8 de Rosario, los empleados cobran sus sueldos en cinco cuotas desde hace 18 años. Hoy, la radio se emite desde el subsuelo del medio La Capital, donde no hay señal de celular y el estudio acopla. Y hay un patrón:  según Silvia Fernández, cronista y movilera de Canal 7, los trabajadores de Radio Rivadavia cobran de manera semanal desde hace 20 años, y desde hace dos años y medio sucede lo mismo con los periodistas de Radio América.

Ante el panorama de crisis, la palabra “autogestión” se repite intermitentemente. Eduardo Blaustein lo define como un periodismo hecho por “gente que quiere mucho el oficio, que cree en el bien social que significa hacer periodismo y que tiene otro tipo de sensibilidad”. Esta respuesta frente a la incertidumbre es de larga data: se habla de medios “alternativos” desde hace más de 35 años. La discusión sobre cómo mantenerse a flote en momentos complicados no es novedad.

La batalla diaria que dan los periodistas de Télam, Tiempo Argentino y Página 12 es la misma que la de muchos trabajadores de prensa en otros espacios.  Los empleados en medios grandes luchan por cobrar lo que se les debe. Los colaboradores externos luchan por que los diarios y revistas les paguen sus notas en tiempo y forma. Los medios autogestionados luchan por obtener algún tipo de financiamiento que les permita mantenerse. En tiempos difíciles, los periodistas luchan por sobrevivir.

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