Mariana Galvani: “La policía no defiende al pueblo, sino al orden social vigente”

Por Mariana Caramuti

¡Qué poca memoria el policía aquel que es policía por necesidad!

No le tiembla el pulso al masacrarte si por tu necesidad te quejás.

“De a poquito” – La Caverna

La gorra, la yuta, la cana, la policía: esa fuerza estatal con una imagen tan polémica y bastardeada a la vez. En Buenos Aires -sobre todo en provincia-, los llaman “pitufos” por el llamativo color de su uniforme. En Capital Federal, está la Policía de la Ciudad: la fuerza policial resultante del traspaso de la Policía Federal al poder ejecutivo porteño y su fusión con la ya extinta Policía Metropolitana.

A pesar de los distintos nombres que reciben, los policías están en todos lados: los vemos en las calles, en las estaciones de trenes, en los subtes, en las canchas, en las manifestaciones. Siempre están ahí, mirando, vigilando, cuidando que nadie se pase de listo y quiera alterar el orden público. Pero cuando llega el momento de la represión, se convierten en objeto de críticas. Y ahí aparecen los planteos: ¿cómo les puede dar el alma para reprimir a la gente que reclama por sus derechos? ¿No se supone que la policía está para proteger a las personas?

Para responder a esos cuestionamientos, entrevistamos a Mariana Galvani, licenciada en Ciencias de la Comunicación y doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Es docente en distintas universidades del conurbano e investigadora del Instituto de Investigaciones Gino Germani. Además, fue consultura del Ministerio de Seguridad de la Nación y brinda asesoramiento a la Secretaría de Investigación y Desarrollo del Instituto Universitario de la Policía Federal Argentina (IUPFA).

Sin ir más lejos, Galvani es especialista en las formas de construcción de identidad en las fuerzas policiales, y varias de sus publicaciones giran en torno a este tema. Su último libro, Cómo se construye un policía, tiene el propósito “de hacer inteligible el mundo policial” para las personas que no lo habitamos. Y es a partir de esta entrevista con la cual nosotros trataremos de entender ese mundo que rodea a los policías.


 

Hasta el día de hoy, la policía tuvo su protagonismo en una serie de “incidentes” o represiones, desde diciembre del año pasado con la reforma previsional hasta hace poco cuando se debatió en Diputados el presupuesto 2019. Una pregunta muy común que se hacen los manifestantes es cómo es posible que los policías hayan sido formados para proteger al pueblo y son capaces de tornarse en contra de ellos. ¿Cómo se suele ver la represión en las protestas desde las fuerzas policiales?

Me parece que hay varias cosas: primero, que se protege al pueblo en un sentido en tanto el pueblo representa individuos o ciudadanos, pero la policía no defiende al pueblo en sí, defiende el orden. Y no cualquier orden, sino el orden social vigente. Lo que representan las manifestaciones en realidad son el desorden, y la policía debe restablecer ese orden social vigente.

No es contradictorio que el accionar policial en la represión sea obedecer órdenes que tiendan o crean la forma de restablecer el orden, porque vos podés restablecer el orden votando la ley del aborto o votando un presupuesto más equitativo, pero el orden establecido requiere ser protegido. Quizás uno puede producir una contradicción si dice: “son trabajadores reprimiendo a otros trabajadores”, pero tampoco es la calidad que entra en juego en una manifestación. Para mí, eso el gobierno lo supo usar muy bien en ese sentido. La marcha del 18 de diciembre fue paradigmática en cuanto a cómo reprime esta gestión: en ese entonces les pegaron a algunos los policías de la Ciudad y parecía que hubo una avanzada de los manifestantes. Esos policías que se quedaron ahí sin hacer nada no lo hicieron porque se les ocurrió, había una orden de mostrar esa imagen, de mostrar a los policías agredidos. Esa fue una imagen pensada y armada para dos públicos: por un lado, para el público que no está de acuerdo con la manifestación -votantes del PRO con los que se podía reforzar un voto-,  y después para otro público que son los propios policías, cuya imagen parecía brindarles cierta contención. Entonces, los policías cuando van a la manifestación, van con esa imagen. Van a la marcha pensándose no como trabajadores enfrentándose a otros trabajadores, sino más bien con una lógica de la hinchada de fútbol: de unos que se van a enfrentar a otros. Producen esas subjetividades que implican pasarlo encima a un tipo con la moto como venganza.

Pero hubo muchos policías mirando esa escena por la tele, viendo ese momento en donde parecía que había una avanzada de los manifestantes porque tenían que dejarlos pasar por un momento, porque después de eso hubo una represión horrible. Lo mismo pasó en el Borda cuando en Capital gobernaba Macri.

Me llamó la atención lo que dijiste acerca de los medios que dan una imagen para el público simpatizante de Cambiemos y también para los policías que hacen ese tipo de trabajos. Si bien vos misma en el libro contás que la policía culpa a los medios de la imagen negativa que tienen, aun así en las encuestas políticas la encargada de la gestión de las fuerzas de seguridad -Patricia Bullrich- tiene buena imagen. ¿Pasa lo mismo dentro de las fuerzas policiales? ¿Ellos ven bien a sus superiores cuando utilizan la represión de esta forma?

Creo que hay cierta idea de apoyo, que es una idea que no está basada en lo real. Los policías piensan que este gobierno es condescendiente con ellos y que los apoyan. Sin embargo, a mí me parece que fue un gobierno bastante cruel con las Fuerzas Armadas y con las fuerzas de seguridad en general si pensás en el ARA San Juan o los gendarmes muertos [en Salta]. No es que protegieron a las fuerzas o mejoraron sus condiciones de trabajo, sino que es algo ideológico. Ni siquiera con Chocobar se puede hablar de un apoyo del gobierno a la policía, porque yo te podría decir que Chocobar aparenta ser un visto bueno a las fuerzas policiales,  aunque no es eso: es un apoyo a la pena de muerte por otras vías, pero no es un apoyo a la policía. Sino, ¿por qué Macri no le dio el indulto? Si su reunión significó una aprobación del gobierno, ¿por qué el Presidente no le ofreció algo mejor a la fuerza? Este tipo de actos me parecen un apoyo aparente que muchas veces mella en la policía.

“Esos policías que se quedaron ahí sin hacer nada no lo hicieron porque se les ocurrió, había una orden de mostrar esa imagen, de mostrar a los policías agredidos”.

¿Es un apoyo aparente desde la imagen propia de los policías o propia para el público? Porque se puede entender que con lo de Chocobar el gobierno abrió una vía para conseguir la pena de muerte o la baja de imputabilidad. En ese sentido, la imagen de Chocobar con Macri impacta más en el público de esa manera pero, ¿los policías saben que esa imagen no es lo que parece?

No, ellos se creen bastante esa imagen. Todavía tiene bastante llegada este tipo de políticas entre los policías. Piensan que el macrismo apoya a las fuerzas policiales, incluso más allá de que están habiendo algunas manifestaciones de policías de la Federal que no quieren ser traspasados a la Policía de la Ciudad por los problemas laborales que genera.

En tu libro una de tus conclusiones expresa que el Estado bajo distintos gobiernos usó a la policía para imponer su monopolio de la fuerza sobre lo que ellos consideran “los otros”. ¿Qué tanto influye la ideología del gobierno de turno en la construcción de esos “otros” que la policía debe repeler?

Creo que influye mucho, pero que es una construcción más colectiva y social que tiene que ver con otras relaciones incluso económicas, pero que el intento de construir un otro sobre el que van a actuar esas fuerzas policiales es social y gubernamental.

Con el caso de Santiago Maldonado creo que hubo un intento de construir un otro con ciertas características que volvieron a reflotar con el evento en el Cementerio de la Recoleta: crearon a los terroristas mapuches, mostraron sus armas, hicieron un informe siniestro que está colgado en la página del Ministerio de Seguridad, y crearon un guión televisivo que los medios reprodujeron. Guionaron a los medios de comunicación para tratar de esa forma al caso de Santiago Maldonado y sin embargo no pregnó el enemigo mapuche. Entonces ahí inmediatamente vuelven a apelar al otro enemigo que sí pregna socialmente que es el pobre.

Por eso, lo que hacen con la doctrina Chocobar es sostener que a este otro -el pobre-,  se lo sigue construyendo por lo bajo. Así consiguen oficializar a este otro, porque en los barrios periféricos los pibes pobres vienen muriendo desde el retorno de la democracia hasta hoy. Podemos hacer una serie bastante larga que no tiene un corte con este gobierno si vemos a estos pibes como eje de todos los males, como los perseguidos y maltratados por la policía. Con este gobierno ese corte está en la oficialización del pobre como ese “otro”, el corte es la legitimidad que le dan a esa práctica de la policía para con el otro. De todas formas, en la década anterior esas prácticas existían pero de manera culposa: se negaban o se ocultaban.

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Imagen de la portada del libro Cómo se construye un policía de la Dra. Mariana Galvani. Fotografía tomada por María Eugenia Cerutti.

Como vos decías, el trabajo policial se hace sobre otros, como pasa con la educación o con la salud. Pero en el caso de la policía esos otros no desean ser objeto de su trabajo. En ese sentido, ¿cómo reaccionan aquellos policías que provienen de los sectores que hoy se emparentan con “los otros”? Es decir, policías que salieron de las clases bajas o de bajos recursos.

Así como las fuerzas policiales no se identifican con los trabajadores, tampoco se identifican con el sector del que provienen. Eso es claro porque sino no podrían hacer su trabajo. Un comisario me dijo una vuelta: “Si cada vez que actúo pensara que lo que estoy haciendo influye en un problema social, dejo de ser policía”.

Y es verdad que muchas veces su trabajo es poco policial en el sentido de hacer investigaciones o resolver grandes delitos: son más bien perseguidores de pibes. Y esos pibes se convierten en el enemigo que ellos hostigan, pero que luego terminan siendo hostigados los policías también. Por eso varios policías decían que no querían ir a cubrir zonas de facultades como la de Ciencias Sociales [de la Universidad de Buenos Aires] porque ahí los pibes los insultan o los maltratan.

Ya que estamos hablando de la sociedad civil, en tu investigación te encontraste con que muchos policías consideran que la misma sociedad es contradictoria, dado que por un lado piden seguridad y por otro los consideran como represores y como “los malos” de la película. ¿Por qué pensás que pasa esto? Considerando que muchas veces los medios titulan como incidentes a la represión para minimizarla y hacerla menos violenta.

Los policías piensan que los medios los tratan mal, pero yo no pienso eso. Es fácil echarle la culpa a la policía y no al gobierno. Es fácil poner a la policía como chivo expiatorio en ese sentido, por que muchas veces eso le sirve a todos. Es como la manzana podrida: ¿Por qué la manzana podrida les sirve a la policía? Porque la policía dice: “Es solo ese policía, no la institución entera”. Y así, las fuerzas policiales podrían funcionar como “la manzana podrida” social. Entonces la sociedad y el gobierno dicen: “Ah son solo ellos, no somos nosotros”, mientras uno estuvo marcando que la policía no hace nada por la seguridad.

“Así como las fuerzas policiales no se identifican con los trabajadores, tampoco se identifican con el sector del que provienen. Eso es claro porque sino no podrían hacer su trabajo”.

En un barrio en el que habían robado ropa tendida, una señora se había ofendido porque el policía vio al ladrón corriendo y no le disparó. Esa señora estaba quejándose de que el policía no hacía nada, pero porque justo le tocó un policía racional que pensó: “No vale la vida de alguien”. Hay una presión social para aumentar los niveles de punitividad, y hay un accionar policial sobre eso que después sirve para exculparlos a los policías. Si el policía mató a un delincuente, se analiza el caso de ese policía. La institución policial puede decidir sacárselo de encima, pero si no puede hacerlo, nosotros nos sacamos de encima a toda la institución. Este tipo de situaciones también sirve para exculpar a los políticos que deciden que la represión sea de esa manera y no de otra, que apuesta a un tipo de policía y no a otro tipo.

Este un gobierno que decidió gobernar con ajuste y represión, y eso lo está llevando adelante. No es que a la policía se le ocurrió el plan económico. Vos podés imputarlos penalmente de eso, pero primero hay que ver cómo se construye esa policía de forma vertical y horizontal.

Suena a que la policía está en medio de una lucha constante entre el gobierno y la sociedad civil. Se ve que les tocó una parte difícil en ese contexto.

Es un trabajo horrible. Pero lo que tiene de bueno el trabajo policial -que lo están perdiendo con el traspaso a la Policía de la Ciudad-, lo que tenía de bueno la Policía Federal eran los años de jubilación: te podías jubilar a los 20 años de aporte con el 100% y a los 10 años con el 17%. Eso me parece una ventaja comparativa con otros trabajos, pero después su régimen laboral no me parece precisamente simpático.

Ya que hablamos del traspaso a la Policía de la Ciudad, hay algunas notas periodísticas que cubrieron la tensión entre ex-efectivos de la Federal y de la Metropolitana luego de su fusión. En tu libro expresaste que los policías de la Federal tenían una imagen más prestigiosa y mejores tratos laborales: ¿Hoy los ex-policías de la Federal traspasados están teniendo problemas con la Policía de la Ciudad por estas cosas?

La Policía de la Ciudad apareció con un traspaso que parecía que iba a mantener las condiciones laborales pero con salarios más altos. Sin embargo, eso resultó en un traspaso bastante tranquilo porque sino habría que reventar a una institución con mucha historia encima. Es como si yo te dijera que a la UBA la van a municipalizar y se va a fusionar con la Universidad Nacional de San Martín, y que van a pasar a llamarse “Universidad Municipal”. Eso puede generar cierta tensión hacia adentro, pero si vienen y me dicen: “Va a ser Universidad Municipal, pero tu sueldo se va a triplicar”, yo lo pensaría. Son condiciones que yo tendría en cuenta en ese cambio laboral.

Eso aparentaba ser el traspaso a la Policía de la Ciudad. Ahora, hay bastante tensión porque pareciera que no van a pasar esas cosas. Van a tener que juntar antigüedad en la Policía de la Ciudad y no les van a contar la antigüedad en la Federal, inventaron un cargo más bajo en la Policía de la Ciudad -una especie de “sub-agente”- para la incorporación de los efectivos. Esto crea desventaja entre los traspasados, y por eso hubo un par de manifestaciones policiales, que son casos raros aparte de ser ilegales. Los policías se manifestaron frente a la municipalidad y en frente del Ministerio de Seguridad: eran 200, 300 efectivos protestando, un número interesante. Pero como las fuerzas policiales son lo abyecto para el progresismo y lo no-políticamente sustentable para el macrismo, nadie lo cubrió. Yo estuve en 2 de esas manifestaciones durante todo el día y no se acercó ningún medio. Aun así, ese malestar y esa incomodidad de los policías de la Federal empezaron a saltar ahora porque pareciera que las condiciones laborales no se van a mantener.

Hay una parte del libro en la que mostrás los distintos enemigos que la policía tuvo a lo largo de la historia, como los terroristas en los ’70. Ahí decís que estos terroristas eran considerados como animales, infrahumanos que no merecían ningún tipo de trato o incluso no merecían vivir ¿Vos creés que este fenómeno de percepción se siga dando, sobre todo con lo que hablamos de la doctrina Chocobar?

Creo que la animalización o deshumanización es a veces una condición para que el otro sea tan otro, tan distinto y desalmado que uno pueda incluso torturarlo o matarlo. Yo creo que hoy no existe en esos extremos pero sí que esa animalización se construye en el otro como el pobre, el pibe que pertenece a zonas de bajos recursos con ciertas características, sobre todos varones con ciertas cualidades físicas.

Con la baja de imputabilidad pensaba en esto de las “pirañas”: a mí me llamaron una vez de una radio para que hable sobre delito y sobre esas “pirañas”. Yo pensé que era otra cosa que no tenía nada que ver con lo que hacía, y la conductora me explicó que son unos niños que  abrían las puertas de tu auto y te rapiñaban cosas cuando vos llegabas a un semáforo. Ahí están hablando de chicos de entre 5 y 11 años, estamos hablando de nenes. Si los nombran de esa manera, de “pirañas”, los deshumanizan de esa forma. Después los policías actúan sobre eso, con esa misma categoría y con el poder de policía que tienen sobre el otro. Entonces esos pibes son tratados de infrahumanos, como si sus  su vidas no merecen ser vidas.

Eso es lo que es la baja de la imputabilidad, porque cuando vos decís que querés que un niño de menos de 16 años esté preso, vos no estás pensando en tus hijos. Estás pensando en otro, que tiene pocas características humanas, al cual lo vas a mandar a un lugar que desde ya sabés que es un depósito de personas en el que te tratan como escoria humana. Es dejarlos morir pero fuera de su vista, y la policía trabaja sobre eso todo el tiempo. Por eso digo que primero nosotros los señalamos socialmente, luego el Estado les dice a las fuerzas policiales que “está bien lo que hacen”, y por último los policías actúan sobre eso.

“Creo que la animalización o deshumanización es a veces una condición para que el otro sea tan otro, tan distinto y desalmado que uno pueda incluso torturarlo o matarlo”.

Por esta razón sí me parece que hay uno considerado como un otro que su vida no vale la pena ser vivida, además sino, no podríamos explicar los linchamientos. Los que linchan delincuentes no son policías. Le pegan a una persona hasta hacerla morir literalmente con sus manos, y solamente pueden hacer eso si piensan que lo que está ahí es otro que no es igual a ellos. Se pierde la razón humana, la de la vida como el principal bien a cuidar, y  pasan a ser otras cosas las que reemplazan eso.

Cuando renunció José Pedro Potocar a su puesto como jefe de la Policía de la Ciudad por las causas de las coimas, muchos nos quedamos con la imagen de la policía corrupta. Dentro de las fuerzas de seguridad, ¿se decía algo al respecto?

Había una cosa con la venta de uniformes, después con las coimas en las comisarías con las que él estaba complicado. Es verosímil que las comisarías recauden plata.

¿Está normalizado eso?

Sí, pasa, y a veces está ligado a una autonomía relativa o a una autonomía que la policía quisiera tener para autogestionarse. Esa plata que se junta de manera ilegal quizás se usa para pagar el patrullero de la comisaría o para pagar la nafta. Así terminan siendo sus propios patrones.

Entonces la policía quiere tener su propia autonomía en ese sentido.

Sí, las fuerzas de seguridad reclaman autonomía para sí. Ellos tienen el deseo de que la policía sea dirigida por la policía, independientemente del poder político. Los funcionarios les dicen a veces que son autónomos, pero no es así.

Con los dos últimos gobiernos podés ver cómo hay dos políticas distintas de acción policial en las manifestaciones. No te diría que cambió la política policial en tanto a los barrios periféricos y la forma de tratar a los pibes, pero aun así hay acciones sobre la fuerza policial y reacciones de propia fuerza en las que no hay autonomía completa. En algunos aspectos podrán hacer algunas cosas por su cuenta pero creo que hay un control político sobre las fuerzas de seguridad. Aun así, la policía debería estar sindicalizada para tener más control sobre sí mismos.

Al final de cuentas, es un poco contradictorio porque antes dijiste que los políticos se desentienden del accionar policial cuando se pasan de la raya, pero al fin y al cabo la policía depende del poder político. ¿Por qué los políticos se desentenderían de la policía cuando son ellos los que la controlan?

Por esto que te decía, porque hay una autonomía relativa de la policía, sobre todo con esto que pasa con las coimas y el dinero ilegal. Pero esas cosas sirven para gestionar a la policía, eso les da cierta independencia para hacer algunas cosas. Muchas veces cumplen las órdenes de una forma discrecional, pero es el poder político el que da las grandes orientaciones. Ahora, si después te preguntás: “¿Ordenó Patricia Bullrich que el oficial pase con la moto por encima del joven que estaba en la calle?”, la respuesta es no, no lo ordenó. Eso fue una decisión del policía, pero lo que sí ordenó fue que se reprimiera de esa manera en ese lugar, con ese tipo de armas y demás. Eso de la moto es algo que puede pasar, pero el plan general de represión es del gobierno.

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Imagen tomada por Adrián Escándar en una protesta en Panamericana y 197 durante el paro general del 6 de abril de 2017.

Antes mencionaste la sindicalización de la policía. Hace un año la Corte Suprema de Justicia rechazó el derecho a sindicalizarse a los policías, cuya decisión refleja una idea de la sociedad en la que los policías no son considerados trabajadores. Más allá del marco regulatorio, ¿ellos realmente se consideran trabajadores? ¿Qué buscan al querer cumplir ese derecho de sindicalización?

No todos están de acuerdo con la sindicalización. Algunos piensan que va a romper con las jerarquías y las cadenas de mando, pero hay muchos que sí quisieran estar sindicalizados.

Yo creo que sería útil que los policías tengan su sindicato porque sí rompe la cadena de mando. En ese sentido, si como policía te dicen que liberes una zona y vos no estás de acuerdo, ¿a quién lo vas a denunciar? ¿A la policía, a tu jefe? Todos los pedidos o denuncias solo se pueden hacer individualmente porque si lo hacés de forma colectiva cometés un ilegalismo, por eso podés ir preso. La policía no se puede organizar, no puede participar de manifestaciones.

Un sindicato ampararía a los policías que quieran denunciar esas situaciones de corrupción y los respaldaría por desobedecer órdenes injustas. Hoy si deciden denunciar algo dentro de su trabajo, pueden recibir miles de castigos. Termina siendo como en el colegio: si tenías varias faltas tenías una amonestación, y si tenías una amonestación tenías una sanción peor. La Policía Federal tenía una sanción, la de “desfiguración de rostro”: por ejemplo, si te dejaste el bigote, estás mal afeitado o con el pelo largo, recibías esa sanción. Hay muchas cosas que te pueden generar esa causa, y si firmás 14 de esas sanciones, el policía termina siendo suspendido de forma injusta. Y lo peor es que no tienen forma de apelar. Encima ahora en la Policía de la Ciudad es peor porque si sancionan al policía, lo amonestan restándole plata de su sueldo. 

Por eso el sindicato serviría para que se puedan quejar de una situación laboral injusta, aunque también para que los policías puedan pedir mejores condiciones de trabajo, denunciar los calabozos en las comisarías y un montón de problemas que tienen en sus lugares de trabajo que no se los pueden decir a nadie. Por otra parte, la sindicalización serviría para que el poder político también sepa lo que pasa en las bases de las fuerzas de seguridad, porque los políticos saben  lo que pasa a partir de los comisarios o del jefe de la policía, pero no habla con los suboficiales. Tanto no habla con los suboficiales que se dio el levantamiento de Gendarmería [en 2012], tanto no habla que en Córdoba se pudieron sublevar en 2013. Para evitar estas situaciones, el sindicato ayudaría a que los funcionarios estén al tanto de lo que pasa en los rangos bajos, porque en las bases policiales son mayoría y son los más vulnerables a nivel laboral.

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