Encuesta “Costumbres Argentinas”: ¿Hay una relación entre lo que nos gusta y lo que pensamos?

Por Julieta Méndez

Tiempo de lectura: 4 minutos

En su libro Razones prácticas: sobre la teoría de la acción, Pierre Bourdieu hablaba, de forma teórica y en papel, sobre las clases sociales. Estas están conformadas por prácticas y actividades que coinciden entre la gente que forma parte de ella. Pero el ya fallecido sociólogo aclaraba que las clases en la realidad se pueden cruzar: una persona de clase alta puede llegar a consumir algo “típico” de la clase baja.

Retomando esta idea, el profesor y doctor en sociología Daniel Schteingart, junto a su colega Sol Civale, confeccionaron la encuesta “Costumbres argentinas” para comprobar si existe alguna correlación entre ideología y consumos culturales, desde la música, hasta la gastronomía o el deporte. La misma se llevó a cabo con un formulario de Google, que fue difundido por redes sociales. 

La encuesta no es representativa. Según Schteingart, “tiene un sesgo principal hacia clases medias y medias altas. Los sectores más bajos están subrepresentados, y la gente grande también, porque el acceso a las redes sociales es menor en este grupo etario”, aunque algunos de estos sectores llegaron a votar en la encuesta. 

En cuanto a las hipótesis previas que manejaba el sociólogo, estas “eran que en general el votante de centro-izquierda en Argentina es más politizado, se interesa más en la política que el de centro-derecha, y que a la vez es un votante de menor preocupación por la estética (o al menos eso dicen)”. De hecho, uno de los resultados que arrojó la encuesta es que los votantes de centro-izquierda están más en desacuerdo con la idea de que hay que arreglarse antes de salir, que los de centro-derecha. “En general no me llama la atención que ciertas bandas que tienen un discurso más apolítico (como Soda Stereo, Babasónicos o Coldplay), correlacionan más con las audiencias menos politizadas que tienen una probabilidad mayor de votar del centro para la derecha. Además, estas bandas tienen una propuesta estética más fuerte: el pop tiene mucha más producción en base a eso. Basta con ver un escenario como el que tenía Gustavo Cerati, por ejemplo, comparado con La Renga o Los Redonditos de Ricota”. 

Algunos datos que arrojó la encuesta:

  • Quienes poseen un alto poder adquisitivo y una ideología de centro-derecha, tienden a escuchar a Andrés Calamaro, a Babasónicos, a Soda Stereo y a Coldplay, mientras que sus géneros musicales favoritos suelen ser el reggaetón y el pop.
  • Quienes poseen un alto poder adquisitivo, pero con una ideología de centro-izquierda, suelen escuchar a Fito Páez, a los Beatles y a los Rolling Stones, a Sumo y a Charly García. En cuanto a géneros, tienden a consumir bossa nova, jazz, indie, rock en español, hip-hop y trap.
  • Quienes poseen un bajo poder adquisitivo y se consideran de centro-izquierda, tienen una tendencia a escuchar a Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota, a Radiohead, a Luis Alberto Spinetta, a Pink Floyd y a los Arctic Monkeys. Consumen principalmente punk, tango, folclore y cumbia.
  • Quienes poseen un bajo poder adquisitivo pero se consideran de centro-derecha, suelen ser fanáticos de U2, Queen y Los Piojos. Entre ellos prepondera el heavy metal, el cuarteto, la música latina, la electrónica y la música clásica.
encuesta c.a
Fuente: @danyscht

La relación entre la música y la política

Esta “grieta” en la música no es algo actual. Para el periodista y crítico musical Oscar Jalil, en los ’60 la sociedad se dividía entre los asiduos a La Cueva, el mítico bar frecuentado por Litto Nebbia y Tanguito, y quienes consumían música más comercial, representada por el Club del Clan. Ya a finales de los ’70, en plena dictadura militar, la grieta estaba entre los que escuchaban rock progresivo, jazz rock o el heavy metal, contra la música disco tras el auge de “Fiebre de sábado por la noche”. Luego del regreso a la democracia, en los ochentas y noventas, “el rock podía dividir aguas con la cumbia como ‘música grasa’”. Mientras que en la actualidad, según el periodista, “hay un poco más de gestos inclusivos en los gustos que en décadas pasadas”.

En cuanto a la relación entre el mensaje de un artista y el pensamiento de su público, Jalil cree que “ahora no pesa tanto como antes. No sé si la mayoría, pero ahora la gente es más libre de diferenciar entre la fascinación hacia un artista y la influencia que ejerce en temas ideológicos”. Como ejemplos, el crítico usa el caso de Rolo Sartorio, líder de La Berisso, quien defendió a Macri de los insultos en sus shows, y que, sin embargo, el público de la banda no demuestra una tendencia a votar a la derecha.

En verdad, para el periodista, la música nacional actualmente tiene una menor carga ideológica. “La mayoría de los artistas que tiene un compromiso con las palabras y las letras con contenido político, siguen hablando de lo que sucede. (…) Me parece que la mayor respuesta está en la calle con los grupos de chicos que interpretan rap o free style inspirados en temas de la realidad”.

INFOGRAFÍA MUSICA

A pesar de la no representatividad de “Costumbres argentinas”, la encuesta demuestra “que muchos de los estereotipos que andan dando vuelta algo de verdad tienen”. Para Schteingart, “es mejor un conocimiento imperfecto que un no conocimiento”, y que, “si bien refuerza ciertas percepciones, hay que ser cuidadosos de evitar la generalización”. 

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