El robo del siglo: ¿en qué se diferencia el libro de la película?

La semana pasada se estrenó en la pantalla grande El robo del siglo, película basada en el libro Sin armas ni rencores. ¿Cuáles son las diferencias entre la obra cinematográfica y la literaria?

Por Federico Risetti

Tiempo de lectura: 3 minutos


“Un soplo de lirismo amoral en un tiempo donde descreemos de cualquier mecanismo estatal, político o ideológico” – Andrés Calamaro.

Hace una semana se estrenó en la pantalla grande El Robo del Siglo, dirigida por Ariel Winograd y protagonizada por Diego Peretti y Guillermo Francella. La reconstrucción del ilícito más espectacular -literalmente un espectáculo- de la historia policial argentina es una pieza que plantea de manera verosímil y creíble lo sucedido el 13 de enero de 2006 en la sucursal del Banco Río de Acassuso. Cabe destacar que Fernando Araujo, el autor intelectual del robo, aparece en los créditos de la película debido a su participación como coguionista junto a Alex Zito (también productor).

Este no es el primer éxito del director. Ariel Winograd se adueñó de la taquilla de México en 2019 con Tod@s caen. Su primer largometraje en Argentina se estrenó en 2011 y se llamó Mi primera boda (Natalia Oreiro y Daniel Hendler). Parte del guión de la película se basó en su propio casamiento. También dirigió Vino para robar (Daniel Hendler y Valeria Bertucceli) en 2013 y Permitidos (Martín Piroyansky y Lali Espósito) en 2016. Con Peretti son viejos conocidos, trabajaron juntos en Sin hijos (con la participación de la actriz española Maribel Verdú) y en 2017 en Mamá se fue de viaje, junto a Carla Peterson.

La frase que abre esta nota pertenece al prólogo del libro Sin armas ni rencores, el libro de Rodolfo Palacios en el cual está inspirada la película. El trabajo periodístico del autor se basa en la historia del robo al banco contado por sus autores, se mete en la intimidad de cada uno de los ladrones poniendo cierto énfasis en “El líder” -Fernando Araujo- y Mario Vitette Sellanes, más conocido como El Hombre del Traje Gris o Marito.

Si se ponen en contraste ambas obras, se puede decir que la investigación de Palacios se empecina en hurgar en la psicología y el perfil de los ladrones, y deschavar los porqués de esa decisión de encarar semejante robo. El libro narra –en primera persona y detalladamente– el origen ideológico, la organización y la puesta en escena del robo. Palacios deja ver su pluma experimentada en historia delincuencial, sin juzgar y describiendo afectuosamente a los antihéroes de la historia.

“Recuerdo –cuenta Vitette en el libro- que, en una de las incursiones en las profundidades de la tierra, Fer y yo, sin ninguna comunicación exterior y con el túnel muy avanzado, vivimos momentos difíciles. El agua bloqueaba nuestra salida, había aumentado tanto la marea y era tan fuerte la correntada del aliviador pluvial que no nos permitía salir. No lo hablamos, pero ambos sentimos que podíamos morir como ratas en un desagüe sin salida. Dijimos: “Hasta la última gota de oxigeno resistiremos acá”. Se nos estaban acabando las pilas. Podíamos seguir respirando, pero si el agua crecía no contábamos la historia. Teníamos dos torpedos Baywatch. Nos sujetamos a ellos y nos dejamos llevar por la corriente. Gracias a Dios fue solo un susto. Porque al final vimos la luz de la boca del desagüe que desembocaba en el Río de La Plata. Era salir a la vida otra vez”.

También recuerda algunas de las locuras del Líder. Cuando se encontraban en el túnel a cinco metros de la superficie y, por primera vez, tenían comunicación con el exterior, una madrugada se registró el siguiente diálogo:

– Houston, aquí Discovery, ¿me copia? – preguntó Araujo (desde el túnel).

– Lo copio, Discovery, ¿qué pasa? – respondió Beto (De la Torre, desde el auto, a unas dos cuadras del banco).

– Por favor, tenga la gentileza de dirigirse urgente a la Shell de Libertador.

– Ok, yendo, Discovery, dígame qué pasó…

– Luego amplío, avíseme cuando llega.

– Discovery, estoy en el lugar.

– Ok, Houston: entre en el mercado y compre papelillos OCB grises.

– ¡¿Qúe?! Ah no, no podés… sos un guanaco.

– ¡Houston, es una emergencia inspirativa! Colóquelos en una bolsita y arrójelos por la alcantarilla de Perú.

Algunas de estas situaciones que tanto aportan al lector y que Palacios relata en el libro no pudieron ser recreadas en la película. Y es que para la realización de un film se tomaron ciertas licencias para ficcionalizar, modificar o recortar algunos de los hechos que ocurrieron en la realidad.

[SPOILER ALERT] En una de las escenas donde Vitette y Miguel Sileo – negociador de la policía – se encuentran negociando, Marito simula desesperación y le pide al negociador que se comunique con su abogado. Sileo le pide un número para contactarse con éste y Marito le pasa el número de celular de uno de los rehenes y él mismo atiende y se hace pasar por su abogado. Después de una conversación con el falso abogado y varios llamados inconclusos, el cabecilla de la negociación con los delincuentes se percata de la jugada de Vittete. Esta escena, por ejemplo, no es una de las que narra Palacios en su libro sino que fue construida y ensamblada al relato original para incluir en el rodaje.

La película le añade un tinte más cómico policial, propio del cine argentino, con una combinación de escenas “tipo Hollywood”; y el orden de los hechos es acelerado (lógico por la narrativa cinematográfica). No obstante, las representaciones de Araujo y Vittete son muy bien llevadas a cabo por los actores argentinos, que para mimetizarse mejor con las personalidades –lo aseguraron ellos mismos– sostuvieron entrevistas con los verdaderos hampones que en 2006 burlaron a más de 300 policías.

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