¿Qué nos dejó la primera apertura de sesiones del albertismo?

Este domingo Alberto Fernández dio su primer discurso en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso. Conversamos con la historiadora Sabrina Ajmechet y el politólogo Andrés Malamud sobre las prioridades del gobierno, las propuestas y el tono discursivo del Presidente.

Por Mercedes Pappa

Tiempo de lectura: 4 minutos


En base a este discurso, ¿cuáles considerás que son las prioridades de este gobierno?

Sabrina Ajmechet: La prioridad de este gobierno es la economía. Sin embargo, no es algo que se desprende directamente del discurso porque hubo muy poca claridad y pocas expresiones sobre lo que se va a hacer. En ese sentido hay una buena distancia entre lo que es prioritario para este gobierno y lo que Alberto Fernández dijo este domingo en el discurso.

Andrés Malamud: La urgencia del gobierno es la deuda; la prioridad, evitar que el costo del ajuste (rebautizado como solidaridad) se concentre sobre los más desprotegidos.

¿Creés que en realidad no hay una hoja de ruta bien definida respecto a la economía?

S.A.: Me parece que está muy claro que hasta que terminen las negociaciones con el FMI no se sabe qué va a pasar y que hay escenarios muy diferentes que hoy no podemos prever. Ese es uno de los motivos por los que en los aspectos económicos del discurso solo hubo consignas generales y puntos de vista casi políticos que guían la economía, como la idea de que hay algunos que se aprovechan de otros para ganar más, cuando el tema de la inflación en Argentina es mucho más sistemático y complejo. 

Claudia Ledesma Abdala, Cristina Kirchner, Alberto Fernández y Segio Massa

Por fuera de la economía sí hubo algunas propuestas concretas, como la creación de consejos. ¿Creés que esto se va a traducir en políticas públicas efectivas?

S.A.: Me parece que la más clara fue la legalización del aborto y lo que eso conlleva: programas de educación sexual para la prevención de embarazos no deseados y el plan de mil días para los niños en sus primeros tres años. Por otro lado, lo del Consejo Social ya se venía hablando, así que esa es de algún modo una de las varias promesas repetidas. 

A mí me da la impresión de que hay un aire de voluntad institucionalizadora, de crear instituciones. En esta bolsa metería a todo lo demás que se planteó, desde retomar la escuela de administración pública hasta el monitoreo que se quiere hacer a las políticas públicas o lo que se propuso para el sistema judicial. Pero al mismo tiempo, cuando Alberto dice que van a crear comisiones para encargarse de estos temas, en realidad da a entender que no hay nada concreto y definido sobre lo que se va a hacer. Es una forma de anunciar algo que a todos nos parece bien, pero es un vacío total por ahora. En el medio, me parece que está ganando un poco de tiempo. 

A.M.: En la mayoría de los casos, no: los consejos de Alberto son las comisiones de Perón. La legalización del aborto, sí.

Alberto Fernández lee su discurso en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso

¿Cómo difieren estas propuestas del albertismo con las aperturas de sesiones de otros años kirchneristas? ¿Hay un cambio en el enfoque?

S.A.: Son muy diferentes. A mí me parece que en las otras aperturas había un elemento refundacional enorme: ellos venían a hacer una nueva Argentina. En cambio, Alberto se presenta como un arreglador de cosas, como lo plantea Luis Tonelli en una nota. Es alguien a quien llamás para que te arregle la canilla rota en tu casa. En algún momento anduvo, pero se rompió y necesitás a alguien que te la arregle. Esa persona no es un gran constructor de cosas nuevas, solo es el que te arregla la canilla. Esa descripción aplica bien a esta diferencia entre el discurso de Alberto y otros momentos del kirchnerismo, que tenía una idea mucho más clara de país. 

A.M.: Fernández resaltó el papel del estado como instrumento, como maquinaria; no como objetivo ideológico. No usó etiquetas rimbombantes para los adversarios (ni oligarquía, ni imperialismo, ni piquetes de la abundancia): utilizó un léxico más cercano a la administración pública que a la lucha política.

¿Esto podría traer conflictos entre Alberto y Cristina eventualmente?

S.A.: Los conflictos existen. Cada vez que queramos pensar esta relación, es necesario tener en cuenta todo lo que sabemos que pasó en los últimos años, es decir, las expresiones públicas de Alberto sobre Cristina y algunas de ella sobre él. No creo que esta diferencia de estilo vaya a comenzar un conflicto, sino que de hecho tenemos un conflicto enorme. Se llegó a un acuerdo para ganar las elecciones pero es evidente que hay un conflicto abierto y potente que en muchos casos está paralizando la administración pública. Algunos ejemplos son lo que vimos en la conformación del gabinete y lo que nos enteramos que pasa tras bambalinas dentro de cada agencia. De hecho, las dos grandes amenazas para Alberto son el acuerdo con el FMI y la propia interna del peronismo, porque los opositores no tienen un liderazgo claro ni un proyecto concreto. 

Dio la sensación de que Alberto Fernández quiere dejar contentos a todos: saludó al Papa pero anunció el proyecto del aborto. ¿Por qué hace eso?

S.A.: Es algo que tiene que ver tanto con la personalidad de Alberto como con su profesión: él es un operador político, y trabaja en tratar de encontrar coincidencias y lograr que algo se pueda hacer, sacarlo adelante. Me parece que saludar para un lado y para el otro y decir que quiere unir a los argentinos es una señal en ese sentido. Creo que al mismo tiempo que decía eso, hizo una suerte de diagnóstico sobre quiénes son los buenos y quiénes los malos. Él dice que ellos son los buenos; que sostienen la “ética de la solidaridad” y que gobiernan para el pueblo, como diferenciándose del gobierno anterior. 

A.M.: Porque es un presidente débil pero sabio. Si tuviera más fuerza política podría romper equilibrios; careciendo de ella, debe construirlos.

Muchos diputados y senadores de la oposición destacaron el tono conciliador de AF. ¿Esa es la imagen que está buscando dar? ¿Ves una intención sincera de “cerrar la grieta”?

S.A.: Creo que hubo un tono conciliador y también uno confrontativo, y que convivieron los dos. Yo no sé cuán posible es cerrar la grieta desde lo discursivo. En la Argentina, lo que llamamos “la grieta” se expresa en profundas diferencias sobre el tipo de país que se quiere. Un llamado a la conversación no tendrá demasiado éxito. 

Tengamos en cuenta lo que vimos en la última sesión en el Congreso antes de la inauguración de las ordinarias: no parecía haber un intento de cerrar una grieta y llegar a acuerdos. El oficialismo decidió no trabajar en comisiones con la oposición y sentarse a conversar los cambios que pedían sobre el proyecto de ley. En la práctica se impone el tono confrontativo sobre el conciliador

A.M.: No soy quién para juzgar intenciones, pero “cerrar la grieta” es claramente un objetivo del presidente mientras renegocia la deuda. Después, se verá. 

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